La muerte de Valentino Garavani, ocurrida a los 93 años en su residencia de Roma, marca el cierre de una etapa central en la historia de la moda italiana y de la alta costura contemporánea. Su fallecimiento fue confirmado por la Fundación Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti, institución que también informó que el diseñador murió rodeado de sus seres queridos. Las exequias se realizarán esta semana en la capital italiana, con un velatorio abierto al público y un funeral en la Basílica de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri.
Nacido en 1932 en Voghera, al norte de Italia, Valentino construyó una trayectoria que se extendió por más de cuatro décadas y que transformó su nombre propio en una firma de alcance internacional. Formado inicialmente en Milán y posteriormente en París —donde trabajó con figuras relevantes de la alta costura francesa—, regresó a Italia para fundar su casa de moda en Roma en 1960, en pleno contexto de la Dolce Vita. Desde entonces, su trabajo se consolidó en el cruce entre el rigor artesanal, la elegancia clásica y una visión moderna del lujo.
Uno de los aportes más reconocibles de Valentino fue la construcción de un lenguaje estético propio, fácilmente identificable, en el que el llamado “rojo Valentino” se convirtió en un símbolo transversal de su obra. Más que una elección cromática, este elemento funcionó como una firma visual que reforzó la identidad de la marca y su asociación con una idea de glamour sobrio y estructurado. Sus creaciones, elaboradas con materiales nobles y una atención precisa a la silueta, priorizaron el trabajo manual y la construcción del vestido como pieza arquitectónica.
A lo largo de su carrera, Valentino mantuvo una relación cercana con figuras del cine, la política y la realeza, lo que amplificó la visibilidad de su casa de moda a nivel internacional. Momentos como el vestido que Jacqueline Kennedy utilizó en su boda con Aristóteles Onassis en 1968 impulsaron decisivamente su reconocimiento en Estados Unidos y consolidaron su posición como uno de los principales embajadores del diseño italiano.
Aunque se retiró oficialmente en 2007, su última presentación de alta costura en París, en 2008, subrayó la coherencia de su trayectoria con un desfile dominado por el rojo, su color emblemático. Posteriormente, su figura fue retratada en el documental Valentino: The Last Emperor, que dio forma al apelativo con el que se le reconoce hasta hoy.
Tras su retiro, la marca Valentino continuó su desarrollo como empresa global, con una estructura accionaria integrada por el fondo Mayhoola y el grupo Kering, y una estrategia centrada en el crecimiento del prêt-à-porter, los accesorios y la distribución directa. En este contexto, la herencia de Garavani se manifiesta menos como una presencia creativa directa y más como un legado cultural e industrial que sigue influyendo en la moda contemporánea.
La desaparición de Valentino Garavani ocurre pocos meses después de la muerte de Giorgio Armani, reforzando la percepción de un relevo generacional en la moda italiana. Con su partida, no solo se pierde a un diseñador, sino a una figura que contribuyó a posicionar la alta costura como parte del patrimonio cultural de Italia y como un lenguaje reconocible a escala global.



