Mientras el comercio de bienes enfrenta más fricciones, hay un segmento que sigue empujando el tablero global: los servicios. La UNCTAD explica que, en la última década, las exportaciones mundiales de servicios crecieron alrededor de 5.3% anual, más del doble que el comercio de mercancías, y hoy ya representan 27% del comercio global. Para 2025, el reporte estima un crecimiento de exportaciones de servicios de 9%, con impulso que podría continuar en 2026.
El fenómeno detrás tiene nombre: “servicificación”. Significa que los servicios —finanzas, logística, tecnología de información, consultoría, gestión— ya no son un complemento, sino parte central de cómo se produce y se exporta en casi cualquier sector. La UNCTAD apunta que, hacia 2022, los servicios representaban 71% de los insumos intermedios globales, incluyendo una parte relevante en industrias primarias y manufactura. En sencillo: cada vez más del valor de un producto exportado depende de servicios detrás.
La digitalización aceleró esta transformación. Los servicios que se pueden entregar digitalmente (por ejemplo, financieros, telecomunicaciones, software, información y varios servicios profesionales) ya son 56% de las exportaciones globales de servicios y crecieron alrededor de 7.1% anual en la última década. Pero aquí aparece el problema grande: la brecha digital.
El reporte muestra un contraste contundente: en economías desarrolladas, alrededor de 61% de las exportaciones de servicios se entregan digitalmente; en los países menos desarrollados, esa proporción es de apenas 16%. La consecuencia es directa: si el comercio global se mueve hacia lo digital, quienes no tienen infraestructura, conectividad y marcos regulatorios adecuados se quedan mirando desde afuera.
Además, la UNCTAD advierte que no solo se trata de conectividad. Están creciendo nuevas barreras: el índice de restrictividad del comercio digital de servicios aumentó de 0.168 en 2014 a 0.182 en 2024. Esto sugiere un mundo donde, a la par de la expansión digital, también suben regulaciones y restricciones que pueden complicar la participación de países con menor capacidad institucional.
En 2026, esta tensión también aparecerá en acuerdos y negociaciones: se menciona el Protocolo de Comercio Digital del AfCFTA (en proceso de ratificación), acuerdos bilaterales y las conversaciones de la ASEAN para un marco digital regional. Y en la OMC, decisiones sobre comercio electrónico pueden influir en cómo se integra (o se excluye) a los países en desarrollo del nuevo ciclo comercial.



