Estados Unidos enfrenta este fin de semana una tormenta invernal de gran escala —identificada como Fern— que combina nevadas intensas, lluvia helada, acumulación de hielo y una ola de frío que podría afectar a una parte mayoritaria del país. La magnitud del fenómeno llevó a que Nueva York declarara estado de emergencia, sumándose a otros estados hasta alcanzar al menos 14 con esa medida, además de Washington D.C..
El punto central es la mezcla de hielo + nieve + temperaturas extremas, una combinación que suele traducirse en dos impactos inmediatos: movilidad paralizada y riesgo de cortes de energía. El pronóstico advierte que el hielo puede provocar caída de ramas y árboles, dañando líneas eléctricas y complicando el acceso por carretera. En Nueva York, la gobernadora Kathy Hochul pidió no subestimar el evento y alertó que la exposición al exterior por pocos minutos puede ser peligrosa por hipotermia y congelación. En la ciudad y otras zonas se ha hablado de acumulaciones de nieve que podrían ubicarse entre 12 y 18 pulgadas.
La disrupción ya se refleja en los viajes: se reportaron más de 1,500 vuelos cancelados para el fin de semana, con afectaciones destacadas en Texas. En ese estado persiste el recuerdo de la tormenta de febrero de 2021, asociada a más de 200 muertes por hipotermia, intoxicación por monóxido de carbono y accidentes. En esta ocasión, autoridades estatales afirmaron que la red eléctrica está preparada, mientras ciudades como Houston habilitaron 12 refugios como parte del operativo preventivo.
El alcance nacional también se dimensiona por los avisos meteorológicos: se menciona que alrededor de 160 millones de personas podrían vivir condiciones “catastróficas” por hielo y nieve; en otro recuento, 177 millones están bajo vigilancia por hielo/nieve y más de 200 millones bajo avisos de frío. En el norte, el aire ártico podría llevar sensaciones térmicas hasta -46°C en zonas como Minnesota y Dakota del Norte. Chicago, por ejemplo, se preparó para mínimas cercanas a -18°C y sensaciones de alrededor de -34°C, con cancelaciones de clases en distintos sistemas escolares por el riesgo de exposición.
En términos geopolíticos, el episodio importa más allá del clima: una tormenta así tensiona infraestructura crítica (energía y transporte), afecta cadenas logísticas, complica operaciones aeroportuarias y exige coordinación entre gobiernos estatales y autoridades federales. Además, vuelve a encender el debate público sobre el vínculo entre fenómenos invernales extremos y el comportamiento del vórtice polar, con investigadores señalando un aumento de estas tormentas en las últimas dos décadas, aunque con cautela ante explicaciones simplistas.



