La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, y el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, iniciaron este martes una ronda de contactos en Berlín y París en un momento de creciente tensión internacional. El viaje tiene como objetivo sostener reuniones de alto nivel con el canciller alemán, Friedrich Merz, y el presidente francés, Emmanuel Macron, en respuesta a las recientes pretensiones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de anexionarse la isla ártica.
El contexto que rodea esta visita es delicado. Groenlandia, territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca, ha vuelto al centro del debate internacional tras las declaraciones de Trump, que han reactivado una discusión sobre soberanía y equilibrios de poder en el Ártico. Frente a este escenario, Dinamarca y el gobierno groenlandés optaron por reforzar el diálogo con dos de los principales actores políticos de la Unión Europea.
Los encuentros en Alemania y Francia buscan mantener abiertos canales de comunicación política y coordinar posiciones ante una situación que, aunque planteada desde el discurso, tiene implicaciones más amplias. Berlín y París no son solo socios europeos clave, sino también referentes en la construcción de consensos dentro del bloque comunitario. Para Copenhague y Nuuk, este respaldo político resulta central para enfrentar un debate que trasciende lo bilateral.
Desde una perspectiva geopolítica, el movimiento refleja una estrategia de contención diplomática. Al trasladar el tema a las capitales europeas, Dinamarca y Groenlandia colocan el asunto en un marco multilateral, subrayando que cualquier discusión sobre el futuro de la isla no puede entenderse fuera del respeto al orden internacional y a los acuerdos vigentes. La implicación de Alemania y Francia refuerza ese mensaje.
Las posibles consecuencias de este episodio no se limitan al ámbito regional. Las tensiones en torno a Groenlandia evidencian cómo el Ártico se consolida como un espacio de interés estratégico y político, donde las declaraciones de un líder pueden generar reacciones coordinadas entre varios gobiernos. La respuesta diplomática danesa y groenlandesa apunta a evitar una escalada retórica y a fijar una posición clara mediante el diálogo con aliados europeos.
En síntesis, el viaje a Berlín y París no es un gesto protocolario, sino una señal política. Dinamarca y Groenlandia buscan apoyo, visibilidad y coordinación frente a las pretensiones expresadas desde Washington, conscientes de que el debate sobre Groenlandia tiene un alcance que va más allá de sus fronteras y toca fibras sensibles del equilibrio internacional actual.



