El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, lanzó una crítica directa al estado actual de la integración latinoamericana, al considerar que la región atraviesa uno de sus momentos más frágiles en términos de coordinación política y capacidad de respuesta conjunta. Sus declaraciones se dieron en Panamá, durante su participación en el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe, un encuentro que reúne a varios mandatarios y líderes regionales.
El detonante de su señalamiento fue la reciente intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, que derivó en el derrocamiento y la captura de Nicolás Maduro. Para Lula, la gravedad del hecho no solo radica en la operación militar en sí, sino en la imposibilidad de los países latinoamericanos de articular una postura común frente a un evento que, a su juicio, representa una afectación directa a la región.
En ese contexto, el mandatario brasileño puso el foco en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), organismo creado como un espacio alternativo a la Organización de Estados Americanos, tradicionalmente influida por Washington. Lula lamentó que la CELAC no haya logrado consensuar ni siquiera una declaración conjunta sobre lo ocurrido en Venezuela, lo que evidenciaría, según su análisis, una debilidad estructural en los mecanismos de integración regional.
Durante su intervención, el presidente de Brasil describió a las cumbres latinoamericanas como encuentros cargados de discursos, ideas e iniciativas que rara vez se traducen en acciones concretas. Señaló que, además, la ausencia frecuente de líderes clave en estas reuniones resta peso político a los espacios multilaterales y reduce su capacidad de incidir en los grandes temas internacionales.
La crítica de Lula tiene una relevancia geopolítica clara. En un escenario global marcado por tensiones entre potencias y por conflictos que trascienden fronteras, la falta de una voz latinoamericana unificada limita la influencia de la región en el tablero internacional. La incapacidad de fijar posiciones comunes frente a intervenciones externas refuerza la percepción de fragmentación y debilita el margen de maniobra colectiva.
Como alternativa, el mandatario brasileño llamó a recuperar una visión regional más sólida, tomando como referencia el modelo de integración de la Unión Europea, aunque sin ignorar las profundas diferencias históricas, económicas y culturales entre los países latinoamericanos. Su planteamiento no apunta a una réplica mecánica, sino a la construcción de consensos duraderos que permitan pasar del discurso a la acción.
El foro en Panamá, presentado como una especie de “Davos latinoamericano” y organizado por el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, sirve así de escenario para una reflexión incómoda pero estratégica: sin mecanismos eficaces de integración, América Latina corre el riesgo de quedar al margen de las decisiones que afectan directamente su estabilidad política y su proyección internacional.



