Jonathan Anderson debuta en la alta costura de Dior

El primer desfile haute couture de Jonathan Anderson para Dior reinterpreta la herencia de la maison desde la naturaleza, el oficio artesanal y una visión contemporánea de la moda

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El 26 de enero de 2026 marcó un punto de inflexión para Dior y para Jonathan Anderson. Ocho meses después de asumir la dirección artística de la maison, el diseñador irlandés presentó su primera colección de alta costura, un territorio que hasta ahora no había explorado de manera directa. El escenario elegido, el museo Rodin de París, reforzó el carácter simbólico de un debut observado con atención por toda la industria.

La alta costura ocupa un lugar central en la historia de Dior desde su fundación en 1946. Fue ahí donde Christian Dior introdujo el New Look, una silueta que redefinió la feminidad de la posguerra y estableció códigos —proporción, estructura, relación con la naturaleza— que siguen vigentes. Anderson parte de ese legado, pero evita replicarlo de forma literal. En su lugar, propone una lectura contemporánea que entiende la couture como un sistema vivo, en constante transformación.

La colección, compuesta por 63 looks, articula una narrativa donde la naturaleza funciona como eje conceptual y formal. La flor, símbolo histórico de la casa, adquiere múltiples lecturas: aparece en bordados, joyería, accesorios y en la escenografía misma, pero también como metáfora del proceso creativo. Según las notas de la colección, la alta costura se concibe como un laboratorio en el que las técnicas tradicionales no se conservan como piezas de museo, sino que se activan y evolucionan.

Este enfoque se traduce en una exploración material y volumétrica precisa. Las siluetas alternan entre estructura y fluidez; los volúmenes curvos dialogan con superficies ligeras; tejidos como la mousselina, el organza o la malla amplían el vocabulario habitual de la couture. Los accesorios —bolsos escultóricos, reinterpretaciones del Lady Dior, calzado con referencias orgánicas— refuerzan la idea de un vestuario pensado como objeto cultural.

La influencia del arte es clave. Anderson toma como referencia las obras antropomórficas de la ceramista Magdalene Odundo, trasladando sus líneas ondulantes y proporciones al cuerpo vestido. A ello se suman guiños discretos a directores creativos anteriores de Dior: la teatralidad y el collage de referencias asociados a John Galliano, y la depuración conceptual vinculada a Raf Simons.

Más que una demostración de virtuosismo, el debut de Jonathan Anderson en la alta costura plantea una reflexión sobre el papel de este ámbito en la moda actual. Su propuesta sitúa a la couture no como un ejercicio nostálgico, sino como un espacio de experimentación, transmisión de saberes y diálogo entre pasado y presente. En ese equilibrio se explica el alcance cultural e industrial de este primer capítulo.

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