En la UFC existen combates que son conocidos como “combates de transición” y son aquellos en los que cierto peleador necesita ganar para poder acceder a una pelea de mayor calibre. A diferencia de otros deportes en los que este tipo de enfrentamientos no son trascendentes, en la UFC muchas veces se juegan el futuro de toda la compañía.
Dana White le reza a los dioses de la MMA para que se dé el resultado esperado y organizar una pelea aún más grande. Pero, muchas veces las peleas no salen como se esperan, y el Paddy Pimblett vs Justin Gaethje es el más reciente ejemplo de este tipo de combates.
La pelea entre “The Highlight” y “The Baddy” en la UFC 324 no fue solo un combate más en la cartelera. Fue, sobre todo, una colisión frontal entre dos maneras muy distintas de existir dentro de la UFC: el peleador que se construyó a base de combates reales y el peleador que creció envuelto en narrativa, carisma y viralidad. Y ganó la realidad.
Debido a problemas personales, el vigente campeón Ilia Topuria no pudo defender su cinturón, por lo que se disputó el título interino de peso ligero entre Paddy Pimblett y Justin Gaethje en UFC 324. Es evidente que Paddy todavía no estaba listo para una pelea por un título. Sin embargo, la organización decidió darle una oportunidad para que en un futuro se enfrentara contra el vigente campeón Ilia Topuria.
La compañía necesitaba que ganara el inglés y ¿contra quién tenía más probabilidades de ganar: contra el #1 del ranking Arman Tsarukyan en su prime con 28 años o contra Gaethje cerca del retiro #4 del ranking con casi 38 años? Literalmente se usó a Justin, una leyenda de la UFC, como carnaza de perro para que el niño mimado de la compañía tuviera su oportunidad de oro.
Desde el primer asalto quedó claro que Paddy no tiene las herramientas ni la habilidad para pelear con la verdadera élite de la compañía. Gaethje salió como siempre: con presión constante, low kicks brutales y una violencia calculada. Cada intercambio parecía recordarle a Pimblett que el octágono no entiende de personajes carismáticos: solo de técnica, resistencia y experiencia al más alto nivel. También dejó claro que, efectivamente, a los de Liverpool no los puedes noquear.
El problema de Paddy no fue perder, eso le pasa a cualquiera a menos que seas Ilia Topuria o Khabib Nurmagomedov, sino la manera en la que perdió y su figura mediática. Gaethje lo fue desarmando poco a poco, pero de forma contundente, nunca tuvo oportunidad. Pimblett aún no estaba listo para un monstruo del calibre de Justin Gaethje. El resultado fue una derrota clara y para muchos inesperada, como la UFC lo había previsto. Pero esta pelea dice más de la UFC que de los peleadores.
La empresa lleva años caminando sobre una cuerda floja: por un lado, necesita estrellas virales que vendan eventos; por el otro, presume ser la élite absoluta de las artes marciales mixtas. El cruce entre Gaethje y Pimblett fue un experimento peligroso: ¿puede el hype sobrevivir cuando se enfrenta a la violencia real del top competitivo? La respuesta fue un no rotundo.
Justin Gaethje, por su parte, salió reforzado no solo como peleador, sino como símbolo. A sus 37 años, sigue siendo el filtro más cruel de la división: aquel que separa a los contendientes legítimos de los que aún están en construcción. No necesitó un nocaut espectacular para enviar el mensaje. Le bastó con ser Justin Gaethje: sólido, agresivo, incómodo y despiadadamente honesto dentro del octágono.
Para Pimblett, la derrota puede ser un punto de quiebre o un punto de partida. La UFC tendrá que decidir si lo protege y lo reconstruye con inteligencia o si insiste en empujarlo antes de tiempo, arriesgando que esta pelea no sea una lección, sino el inicio de una caída más profunda. El talento está ahí, el carisma también, pero el nivel de la cima no perdona atajos.
A pesar de la derrota, Paddy Pimblett tiene que estar agradecido con Justin Gaethje por literalmente salvarle la vida y evitarle la paliza que le hubiera propinado el vigente campeón con récord invicto Ilia Topuria. UFC 324 dejó algo claro: el hype vende boletos, pero no gana peleas. Y cuando el ruido se apaga, quedan los golpes, el cardio, la defensa… y la verdad. Esa noche, Justin Gaethje fue la verdad. Y Paddy Pimblett, por primera vez, tuvo que mirarla de frente.



