La participación de Margaret Atwood en el Festival Internacional de Escritores y Literatura de San Miguel de Allende se convirtió en un acto que trascendió la conversación literaria para situarse en el terreno cultural y político. La narradora canadiense, quien reside por temporadas en esa ciudad y respalda el encuentro, asumió de último momento la conferencia magistral tras la cancelación de otra autora; el anuncio bastó para agotar los lugares en cuestión de minutos, evidencia del peso simbólico de una de las figuras centrales de la narrativa contemporánea.
Ante un auditorio cercano al millar de asistentes (con una presencia mayoritaria de lectoras estadunidenses), la autora sostuvo una charla que combinó humor, memoria personal y reflexión sobre el oficio de escribir, en un tono cercano que propició constantes reacciones del público.
Memoria personal y construcción literaria
La reciente publicación de sus memorias motivó parte del diálogo. Atwood explicó que la escritura autobiográfica parte de lo recordado más que de la investigación, lo que define una relación distinta con el pasado y con la forma de narrarlo. Esta mirada se enlazó con su trayectoria de más de seis décadas y con el tránsito vital que la llevó de la biología a la poesía, así como con su decisión temprana de salir de Canadá ante las dificultades para publicar narrativa en ese país.
En su concepción del trabajo literario, la lectura aparece como un elemento constitutivo de la identidad del autor: los escritores, señaló, se forman a partir de lo que han leído. Esa idea sitúa la creación dentro de una tradición cultural compartida y no como un acto aislado.

Literatura, historia y conciencia del presente
Las referencias al contexto político actual y a los procesos históricos funcionaron como un eje de interpretación del presente. Atwood señaló que los periodos de transformación generan ansiedad, pero también conciencia sobre los cambios en curso. Al evocar momentos como la Revolución Francesa o la etapa posterior a la Segunda Guerra Mundial, colocó la actualidad en una perspectiva de larga duración, donde las rupturas no son excepcionales sino parte de la experiencia histórica.
Su llamado a mantener los vínculos culturales entre países subrayó una distinción entre los gobiernos y las sociedades, una postura que desplaza la discusión política hacia el terreno de la convivencia cultural.
El megáfono como metáfora de la voz pública
El episodio recordado de una protesta contra la guerra de Vietnam —cuando le arrebataron un altavoz— derivó en una exhortación a no ceder los espacios de expresión. La anécdota funcionó como una metáfora de la defensa de la voz pública y del compromiso con la libertad, rasgo constante en su trayectoria como escritora y activista
Para Atwood, escribir y ser leído ocurren en tiempos y lugares distintos: el texto nace en un ámbito íntimo y encuentra a su lector en otro momento. Esa distancia define la naturaleza de la literatura como un diálogo diferido que atraviesa contextos y generaciones.
El aplauso de pie con el que concluyó la velada sintetizó el carácter de un acto que no sólo celebró una obra literaria, sino que reafirmó el papel de los festivales como espacios de intercambio cultural, reflexión histórica y defensa de la palabra.



