Una ópera concebida para públicos con discapacidad se convirtió en un punto de encuentro entre tres tradiciones culturales geográficamente distantes: la yaqui, la rarámuri y la sueca. El viaje a Arareko, estrenada en escenarios escandinavos, traslada al lenguaje musical y teatral paisajes del desierto sonorense y la sierra de Chihuahua, en una propuesta que vincula inclusión social, memoria comunitaria y colaboración artística internacional.
La obra surge de la colaboración entre la creadora mexicana del libreto y la compositora sueca encargada de la música, una relación de trabajo sostenida durante décadas que cristalizó en un montaje pensado para niñas, niños y jóvenes con discapacidad. La estructura escénica, la duración y la disposición sonora responden a esa intención: privilegiar la experiencia sensorial y la concentración auditiva por encima de la densidad textual.
Inclusión como eje de la propuesta artística
El proyecto parte de una premisa clara: el acceso a las artes escénicas no es uniforme para todos los públicos. Por ello, la puesta adopta estrategias específicas que permiten una recepción distinta del hecho teatral. La adaptación del libreto a frases breves y repetitivas, así como el peso central de la música, forman parte de un diseño orientado a la accesibilidad.
Esta decisión no reduce la complejidad artística. Por el contrario, plantea una reflexión sobre los modos tradicionales de producción escénica y sobre quiénes han quedado fuera de ellos.
La historia (un viaje en busca de agua en medio del desierto) funciona como un cuento con múltiples niveles de lectura. En su recorrido aparecen la ayuda mutua, la solidaridad y el cuidado del entorno natural, temas que conectan con problemáticas contemporáneas sin abandonar la dimensión poética.

La presencia de elementos sonoros y visuales provenientes de las culturas originarias, como los tenábaris utilizados en las danzas rituales, incorpora una memoria material que traslada al escenario prácticas vivas del norte de México.
Tradición musical y experimentación
La partitura combina referencias a músicas tradicionales con recursos contemporáneos, incluidas técnicas extendidas para voz e instrumentos. El resultado es una composición accesible en su escucha, pero construida desde una investigación formal que amplía los límites del formato operístico.
Ese equilibrio entre tradición e innovación permite que la obra dialogue con públicos diversos y con distintos contextos culturales.
Circulación internacional y resignificación del territorio
Que una historia situada en la geografía mexicana se represente en Suecia revela el papel de las artes escénicas como espacio de intercambio simbólico. Los valores asociados al desierto y la sierra (comunidad, generosidad, relación con la naturaleza) adquieren nuevas lecturas en escenarios marcados por el invierno europeo.
Más que una exportación cultural, el montaje plantea una cooperación creativa en la que cada tradición aporta elementos propios.
El proyecto confirma que la creación contemporánea puede integrar inclusión, diálogo intercultural y recuperación de saberes comunitarios sin convertirlos en ornamento. En ese cruce, la ópera deja de ser un género asociado exclusivamente a ciertos públicos y se transforma en un espacio de experiencia compartida.
La calidez que la obra lleva a los teatros suecos no proviene sólo de su historia, sino de la idea que la sostiene: el arte como territorio común donde culturas distintas pueden encontrarse en condiciones de igualdad.



