El rey Carlos III optó por no responder a las preguntas de la prensa sobre el arresto de su hermano, Andrew Mountbatten-Windsor, durante una aparición pública en la Semana de la Moda de Londres. La escena ocurrió apenas horas después de que agentes de policía vestidos de civil detuvieran al duque en su residencia de Sandringham, bajo sospecha de “conducta inapropiada en un cargo público”.
La comparecencia del monarca ya estaba programada como parte de su agenda oficial. A su llegada al recinto del desfile inaugural, una multitud se congregó en el exterior. Un equipo de televisión captó el momento en que el rey descendió de su vehículo y evitó responder a los cuestionamientos lanzados por reporteros sobre la situación de su hermano.
El gesto fue interpretado como una señal de continuidad institucional. Lejos de cancelar su participación, el jefe de Estado británico mantuvo su presencia en el evento y ocupó un asiento en primera fila durante el espectáculo, sin mostrar reacciones visibles ante la crisis que golpea a su familia.
Horas antes, el Palacio había difundido un comunicado en el que el rey expresó su “más profunda preocupación” tras conocer la detención y subrayó que corresponde a la justicia actuar conforme a la ley. Esa declaración marcó el único posicionamiento oficial del monarca sobre el caso durante la jornada.
El arresto de Andrew Mountbatten-Windsor ha sido considerado por diversos observadores como un momento delicado para la monarquía británica. La acusación por presunta conducta indebida en funciones públicas añade presión a una institución que históricamente ha buscado proyectar estabilidad y neutralidad frente a controversias personales de sus miembros.
Desde el punto de vista político, el episodio reabre el debate sobre la relación entre la Casa Real y los mecanismos de rendición de cuentas en el Reino Unido. Aunque el monarca no interviene en procesos judiciales, su reacción pública —o la ausencia de ella— suele interpretarse como un mensaje simbólico hacia la opinión pública.
La decisión de Carlos III de cumplir con su agenda puede leerse como un intento de separar los asuntos personales de la función institucional. Sin embargo, el desarrollo del proceso judicial contra su hermano mantendrá a la Familia Real bajo escrutinio mediático y político en las próximas semanas, en un contexto donde la transparencia y la credibilidad resultan fundamentales para la imagen de la Corona.




