Las tarjetas de crédito se han convertido en una herramienta financiera indispensable, pero su uso conlleva riesgos significativos, especialmente con el reciente aumento de las tasas de interés cuando se opta por pagar únicamente el mínimo. Esta práctica, aparentemente conveniente, puede transformar una deuda manejable en una carga financiera considerable, atrapando a los usuarios en un ciclo de endeudamiento prolongado y costoso.
Un problema común es el de las «trampas ocultas» en los términos y condiciones. Por ejemplo, los intereses se calculan sobre el saldo total de la deuda, no solo sobre la parte no pagada, cuando no se cubre el total. Esto significa que incluso una pequeña parte de la deuda no saldada puede generar intereses sobre la totalidad del monto original, incrementando rápidamente el costo para el consumidor. Además, los cargos por pagos tardíos o exceder el límite de crédito pueden acumularse rápidamente, sumándose a la deuda principal y los intereses.
La clave para evitar estas trampas radica en la educación financiera y en un uso consciente de la tarjeta de crédito. Es fundamental comprender cómo se calculan los intereses, cuáles son las comisiones asociadas y, siempre que sea posible, cubrir el saldo total cada mes. Optar por pagar solo el mínimo debe ser una medida de emergencia, no una costumbre, para evitar que la deuda se dispare y afecte seriamente la estabilidad económica personal.



