Cada 11 de julio se conmemora el Día Mundial de la Población, una fecha instaurada oficialmente por las Naciones Unidas en 1990, tras el reconocimiento del «Día de los cinco mil millones», celebrado en 1987 cuando la humanidad alcanzó esa cifra de habitantes. El objetivo principal de esta efeméride es generar conciencia sobre los desafíos que implica el crecimiento poblacional y su impacto en el desarrollo sostenible.
En 2025, el lema será “Empoderar a la juventud para que puedan formar las familias que desean en un mundo justo y lleno de esperanza”, un llamado urgente ante la caída de las tasas de fertilidad y los obstáculos que enfrentan los jóvenes, como la desigualdad de género, la inseguridad económica, el acceso limitado a salud y educación, y las consecuencias del cambio climático. Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), más que una crisis de natalidad, el problema radica en que muchas personas desean más hijos de los que realmente pueden tener.
En México, el crecimiento poblacional es moderado. Se estima que en 2025 nacerán más de 2 millones de personas y fallecerán alrededor de 836 mil. De acuerdo con el Consejo Nacional de Población (Conapo), el país podría alcanzar su punto máximo demográfico en 2052 con 147 millones de habitantes, para luego experimentar un declive progresivo por la baja fecundidad. Estos cambios tendrán implicaciones en salud, vivienda, empleo, agua y otros recursos clave para el bienestar colectivo.
A nivel mundial, las proyecciones también son claras: la población alcanzará los 8,500 millones en 2030, 9,700 millones en 2050 y 10,900 millones hacia el año 2100. Junto a este crecimiento, otros factores como la migración, el envejecimiento poblacional y la urbanización acelerada definirán el panorama global.