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El fin de semana pasado reveló señales claras del declive del dominio global de Estados Unidos y su creciente inestabilidad interna. Desde las inundaciones en Texas que dejaron más de 100 muertos, hasta la resistencia internacional a la amenaza del 10% en aranceles de Trump a países cercanos a los BRICS, y la victoria de México 2-1 sobre EE.UU. en la final de la Copa Oro.
Aunque estos eventos pueden parecer aislados, reflejan una erosión más profunda de la influencia estadounidense: en lo político, económico y en su poder blando. A medida que se agravan las crisis internas y cambian las alianzas globales, surge la pregunta:
¿Es este el principio del fin de la hegemonía estadounidense?
Fallos en la Respuesta a Desastres
Las inundaciones en Texas demuestran la necesidad urgente de infraestructura de emergencia frente al cambio climático. Las más de 100 muertes pudieron evitarse, pero la falta de planificación urbana, regulaciones laxas y la “fatiga” ante alertas constantes dejaron a la población vulnerable.
Peor aún, las autoridades estatales y federales fallaron en responder con eficacia. Han sido las comunidades localesquienes lideraron las labores de rescate. Esto plantea una pregunta clave: ¿Dónde están realmente las prioridades del gobierno federal? Agencias como FEMA y NOAA enfrentan recortes presupuestarios y falta de personal bajo políticas recientes.
Este fracaso sistemico evidencia una pregunta más grande: ¿Cómo puede EE.UU. liderar a nivel global si no puede manejar sus propias crisis? La politización de desastres como este marca un debilitamiento de su estabilidad institucional.
Retroceso de la Influencia Global
Un desafío evidente a la hegemonía de Estados Unidos es el crecimiento de BRICS, una alianza que gana fuerza como voz del Sur Global, promoviendo rutas económicas y políticas independientes del Norte Global.
La amenaza de Trump de imponer aranceles del 10% a quienes se acerquen a BRICS buscaba intimidar, pero no tuvo el efecto deseado. México asistió a la cumbre, representado por Juan Ramón de la Fuente, quien incluso se reunió con su homólogo ruso para explorar nuevas relaciones comerciales.
Hoy representan el 35.6% del PIB mundial y el 24% del comercio global, consolidándose como un bloque que ya no puede ser ignorado. La estrategia de usar aranceles como arma diplomática está fallando; afectando a los consumidores estadounidenses y empuja al mundo a diversificar alianzas para reducir su dependencia de una potencia volátil.
Una División Cultural Profunda
La victoria de México sobre Estados Unidos en la Copa Oro fue más que un simple partido de fútbol: fue un acto cargado de simbolismo y resistencia. A lo largo de la historia, grandes eventos deportivos han sido vehículos de protesta y expresión política, y este no fue la excepción.
Con la Copa Oro y el Mundial de Clubes celebrados en Estados Unidos, además del Mundial de la FIFA y los Juegos Olímpicos en los próximos años, surgen dudas sobre su viabilidad como anfitrión. Muchos estadios estuvieron a medio llenar, por miedo a redadas y deportaciones impulsadas por ICE.
Más impactante aún, en la final de la Copa Oro, ondeaban más banderas mexicanas y los cánticos a favor de México dominaron el ambiente. Las redadas de ICE dirigidas a comunidades latinas convirtieron el partido en un acto de resistencia, y el mensaje de Edson Álvarez en solidaridad hizo del fútbol una plataforma de dignidad y protesta.
¿Fin de la Dominación Global?
Las luchas internas de Estados Unidos son evidentes para todos. Las inundaciones en Texas demuestran fallos burocráticos. Los aranceles de Trump, los están aislando económicamente. Y la identidad nacional se fragmenta, revelando grietas en el mito de la excepcionalidad americana.
El apoyo creciente a las comunidades marginadas y el fortalecimiento de alianzas ajenas a Estados Unidos muestran que su poder se está debilitado. ¿Estamos presenciando el fin de la supremacía estadounidense, o podrá reinventarse como líder en un mundo multipolar?