La libra esterlina ha registrado su nivel más bajo en cuatro meses frente al euro, una depreciación que se atribuye principalmente a la marcada divergencia en las políticas de tasas de interés entre el Reino Unido y la eurozona. Mientras los rendimientos de los bonos británicos han disminuido debido a datos económicos débiles, los rendimientos europeos han aumentado ante la expectativa de que el Banco Central Europeo (BCE) ha concluido su ciclo de recortes.
Esta disparidad se acentúa por la persistente preocupación sobre la inflación en el Reino Unido, lo que ha llevado al Banco de Inglaterra (BoE) a ser más cauto con sus recortes de tasas, habiendo disminuido solo 100 puntos básicos frente a los 200 puntos básicos del BCE desde el año pasado. El mercado aún anticipa al menos dos recortes adicionales de 25 puntos básicos por parte del BoE este año, con una alta probabilidad de que el primero ocurra en agosto.
La libra también ha mostrado debilidad frente al dólar estadounidense, reflejando una preocupación generalizada sobre la salud económica británica, con ventas minoristas por debajo de lo esperado y una débil actividad empresarial. La situación actual desafía al BoE a equilibrar la necesidad de estimular una economía en desaceleración con la imperativa de controlar una inflación que en junio alcanzó su punto más alto en un año. La divergencia en las tasas es un factor crítico que continuará marcando la trayectoria de la libra en el mercado de divisas.



