El Banco de México (Banxico) ha optado por la cautela en su última decisión de política monetaria, recortando su tasa de interés de referencia en 25 puntos base para dejarla en 7.75%. Esta medida, menos agresiva de lo que se había visto en recortes anteriores, subraya la prioridad de la institución de mantener la inflación bajo control, a pesar de las presiones para que estimule un mayor crecimiento económico.
La decisión de Banxico se produce en un momento de debate sobre la necesidad de modificar su mandato constitucional. Actualmente, el banco central tiene como objetivo prioritario garantizar la estabilidad del poder adquisitivo del peso. Sin embargo, algunos sectores argumentan que se le debería otorgar un doble mandato que incluya explícitamente la promoción del crecimiento económico, tal como ocurre con la Reserva Federal de Estados Unidos.
Expertos, como la profesora Laura Juárez de El Colegio de México, consideran innecesaria esta reforma. Juárez argumenta que Banxico ya contribuye de forma indirecta al crecimiento a través de su mandato principal, y que el consejo de gobierno ya toma en cuenta factores como el empleo y la actividad económica al momento de decidir. Según ella, la institución está cumpliendo su función de manera «razonada y profunda» sin necesidad de un cambio legal.
Esta coyuntura resalta la tensión entre la responsabilidad de Banxico de combatir la inflación y las expectativas de que también desempeñe un papel más activo en la recuperación económica. El recorte moderado de la tasa es un reflejo de este equilibrio, priorizando la estabilidad de precios por encima de un estímulo más agresivo.