La presión inflacionaria en México está afectando de manera diferenciada a los hogares, según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). El costo de la canasta alimentaria en las zonas urbanas se disparó un 4.3% anual en julio de 2025, superando la inflación general del país. En contraste, el incremento en el ámbito rural fue del 2.9%, un aumento que, aunque significativo, se ubicó por debajo del índice nacional de precios.
El costo mensual para una persona de la canasta alimentaria se estableció en 2,453.34 pesos en las ciudades, mientras que en el campo fue de 1,856.91 pesos. Este aumento se vio impulsado principalmente por el alza en productos específicos. Los alimentos y bebidas consumidos fuera del hogar mostraron un incremento del 7.8%, y el bistec de res se encareció un 18%. En las zonas urbanas, la leche pasteurizada también contribuyó notablemente con un 8.3% de aumento.
Esta disparidad evidencia un desafío crítico para las políticas económicas. Mientras que en las ciudades la canasta básica crece más que la inflación, mermando el poder adquisitivo, en el campo la situación es menos aguda, pero aún preocupante. Los datos señalan que la lucha contra la inflación no ha logrado proteger por igual a todos los segmentos de la población.
El aumento en los precios de los alimentos, que son el gasto más sensible para los hogares de bajos ingresos, subraya la necesidad de medidas más focalizadas para mitigar el impacto en las familias mexicanas.