La compañía estadounidense AT&T está en conversaciones con asesores para vender su unidad mexicana por un monto que superaría los 2 000 millones de dólares. Según reportes de Bloomberg, la decisión aún no está tomada y no existe certeza de concretarse la operació.
Esta potencial salida pone fin a una presencia de más de diez años en el país, caracterizada por inversiones superiores a los 10 000 millones de dólares desde 2014 —adquisición de Iusacell por 2 500 millones y de Nextel México por 1 900 millones— sin conseguir competir de manera efectiva contra Telcel, que domina más del 60 % del mercado.
Desafíos regulatorios, control de mercado por parte de América Móvil, y pérdidas de terreno frente a un entorno competitivo hostil son factores que han erosionado la viabilidad del proyecto institucional de AT&T en México . Incluso, el monto buscado representa sólo una fracción de lo invertido, lo que evidencia un posible reconocimiento del limitado retorno obtenido.
Este movimiento deja una fuerte interrogante sobre el futuro de las telecomunicaciones en México: si dos gigantes globales como AT&T y Telefónica —también en proceso de retirada— no logran consolidarse, ¿quién podrá desafiar el predominio de Telcel?