En un desarrollo inesperado y preocupante, los préstamos bancarios de China se contrajeron en julio, marcando la primera vez en más de dos décadas que los datos de crédito del país caen en términos absolutos. Esta contracción, que se estima en alrededor de 380 mil millones de yuanes, es vista por los analistas como una señal clara de debilidad en la demanda y una falta de confianza generalizada en la economía.
La caída del crédito se debe a una combinación de factores. Por un lado, los consumidores chinos, enfrentando un clima de incertidumbre económica, han sido renuentes a asumir nuevas deudas, optando por el ahorro y la precaución. Por otro lado, las empresas se muestran cautelosas a la hora de invertir en nuevos proyectos, posponiendo las expansiones y la contratación de personal ante un panorama de crecimiento incierto.
Este escenario es un duro golpe para el Banco Popular de China (PBOC), que ha implementado una serie de recortes de tasas y otras medidas de estímulo para reavivar la economía. La contracción del crédito sugiere que estas políticas no están logrando el efecto deseado, y que la falta de confianza en el futuro económico es un obstáculo más grande de lo que se pensaba.
La situación actual en China resalta la fragilidad de su modelo de crecimiento, que a menudo depende del crédito. La caída en los préstamos es un síntoma de que los motores de la economía se están desacelerando, lo que podría llevar a un período de crecimiento más lento y a un desafío significativo para las autoridades en Beijing.