Un enfrentamiento futbolístico se transformó en una noche de horror: durante los octavos de final de la Copa Sudamericana 2025, entre Independiente de Avellaneda y Universidad de Chile, se desataron violentos disturbios que derivaron en la suspensión del partido apenas iniciado el segundo tiempo, y su cancelación definitiva tras comprobar una preocupante falta de garantías de seguridad.
Las imágenes registradas mostraron el cúmulo de violencia: desde tribunas incendiadas y lanzamientos de butacas hasta agresiones brutales, entre ellas empujones que provocaron caídas al vacío. El club chileno denunció 19 heridos graves uno en estado crítico, mientras la policía confirmó 111 detenidos, en su mayoría hinchas chilenos acusados de delitos como lesiones y resistencia a la autoridad.
El caso fue calificado como una tragedia por la presidenta chilena y por el propio presidente de Chile, Gabriel Boric, quien viajó a Buenos Aires con autoridades servidoras para atender a los afectados. “Nada justifica un linchamiento”, expresó el mandatario desde sus redes sociales. Además, el Ministro del Interior de Chile se trasladó al lugar para supervisar la atención médica y legal de los hinchas afectados.
Por su parte, la CONMEBOL condenó enérgicamente los hechos, anunció que actuará con firmeza y derivará el caso a sus órganos disciplinarios. Los clubes quedaron en manos de la unidad jurídica para determinar sanciones, y las autoridades ya anticiparon que la resolución se tomará fuera del campo deportivo.