Nissan ha puesto fin a la producción del GT-R R35, uno de los superdeportivos más icónicos de las últimas dos décadas. El último ejemplar, un Premium Edition T-Spec en color Midnight Purple, salió de la planta de Tochigi destinado a un cliente japonés, cerrando un ciclo de 18 años en el que se fabricaron más de 48,000 unidades.
El R35 debutó en 2007 como sucesor del Skyline GT-R y pronto ganó fama global al enfrentarse de tú a tú con Porsche y Ferrari por una fracción de su precio. Su motor V6 biturbo 3.8 litros, ensamblado a mano por los legendarios artesanos Takumi, ofrecía hasta 600 hp en la versión Nismo, acompañado de la tracción total Attesa ET-S. La combinación le valió el apodo de Godzilla, un depredador implacable tanto en pista como en carretera. Sus logros en Nürburgring y campeonatos como Super GT consolidaron su estatus de mito.
Más allá de la nostalgia, Nissan ha dejado claro que el nombre GT-R no desaparecerá. El prototipo Hyper Force, presentado en 2023, apunta hacia un sucesor eléctrico con baterías de estado sólido, aunque también se contempla una alternativa híbrida. La compañía enfrenta el desafío de equilibrar la tradición artesanal con las exigencias de la era eléctrica, en medio de su propia reestructuración financiera.
El fin del R35 no significa el fin de Godzilla, sino una pausa en su historia. El reto ahora es que su sucesor esté a la altura de una leyenda que redefinió lo que un superdeportivo podía ser.