Las acciones de Nissan se desplomaron más de 6% en la bolsa de Tokio luego de que Mercedes-Benz confirmara la venta total de su participación del 3.8% en la automotriz japonesa, operación valuada en más de 324 millones de dólares. El movimiento, justificado como un ajuste de cartera, llega en un momento crítico para Nissan, que arrastra pérdidas millonarias y enfrenta un entorno global marcado por aranceles y caídas de ventas en Estados Unidos y China.
La reacción bursátil refleja las dudas del mercado sobre el plan de recuperación de Iván Espinosa, CEO de Nissan desde abril. Su estrategia contempla reducir la producción anual de 3.5 a 2.5 millones de unidades y cerrar siete plantas hacia 2027, incluyendo CIVAC en México y Oppama en Japón. Sin embargo, la presión de los inversionistas apunta a que los resultados deben ser inmediatos.
El golpe llega justo después de que Nissan y Renault ajustaran su histórica alianza, reduciendo la participación obligatoria de la firma francesa del 15% al 10%. Aunque Renault aún controla un 35.7% de Nissan, enfrenta pérdidas por 11,000 millones de dólares en su inversión y analistas prevén que eventualmente saldrá de la sociedad.
La venta de Mercedes-Benz, adquirida originalmente en 2016 por su fondo de pensiones, marca un precedente que debilita la percepción de estabilidad de Nissan. Para expertos como Seiji Sugiura, es probable que Renault siga el mismo camino, lo que pondría fin a una de las alianzas más emblemáticas de la industria automotriz.
El desplome bursátil no solo revela la fragilidad financiera de Nissan, sino también el reto de reposicionarse en un mercado global que exige electrificación, innovación y confianza en sus alianzas estratégicas.