El gobierno de Irán anunció su disposición a iniciar nuevas negociaciones con Estados Unidos sobre su programa nuclear, en un contexto marcado por tensiones internas, presiones externas y un escenario geopolítico cada vez más inestable en Medio Oriente. El anuncio fue realizado por el presidente iraní, Masud Pezeshkian, quien ordenó formalmente la apertura de conversaciones con Washington.
De acuerdo con información difundida por la agencia Fars, la instrucción presidencial contempla un diálogo directo con Estados Unidos, aunque hasta ahora no se han definido ni la fecha ni la sede de los encuentros. Según la agencia Tasnim, las conversaciones se realizarían a alto nivel y podrían involucrar al canciller iraní, Abás Araqchi, y al enviado especial del presidente estadounidense Donald Trump, Steve Witkoff.
El llamado al diálogo ocurre en un momento de fuerte presión sobre Teherán. Desde principios de enero de 2026, Irán enfrenta una nueva ola de tensiones internas tras la represión de protestas sociales que comenzaron por el encarecimiento del costo de la vida y derivaron en cuestionamientos directos al régimen teocrático instaurado tras la revolución islámica de 1979. Estas manifestaciones han incrementado el escrutinio internacional sobre la situación política y social del país.
En el plano externo, la postura de Estados Unidos también ha oscilado entre la amenaza y la negociación. Tras advertir sobre una posible intervención militar y desplegar una decena de buques en el Golfo, el presidente Donald Trump declaró el domingo 1 de febrero que esperaba alcanzar un acuerdo con Irán. Estas señales mixtas reflejan la complejidad del momento diplomático.
El principal punto de fricción entre ambas partes sigue siendo el enriquecimiento de uranio. Las conversaciones previas sostenidas en 2025 se estancaron precisamente en este tema, antes de verse interrumpidas por la guerra de 12 días iniciada en junio tras un conflicto con Israel. Estados Unidos exige que Irán abandone por completo el enriquecimiento de uranio, mientras que Teherán rechaza esta condición y sostiene que dicha actividad está amparada por el Tratado de No Proliferación Nuclear, del cual es firmante.
La eventual reanudación del diálogo tiene implicaciones que van más allá de la relación bilateral. Un avance en las negociaciones podría reducir el riesgo de una escalada militar en Medio Oriente y aliviar tensiones en los mercados energéticos. En contraste, un nuevo fracaso podría profundizar el aislamiento de Irán y aumentar la inestabilidad regional.
Por ahora, el anuncio de Pezeshkian abre una ventana diplomática en un momento crítico. El resultado de estas posibles negociaciones será clave no solo para el futuro del programa nuclear iraní, sino también para el equilibrio político y de seguridad en una de las regiones más sensibles del mundo.



