Irán y Estados Unidos se preparan para abrir un nuevo canal de diálogo con el objetivo de frenar la creciente escalada bélica que amenaza con desestabilizar aún más a Oriente Próximo. Representantes de ambos países tienen previsto reunirse el próximo viernes en Estambul, en lo que distintas fuentes describen como una oportunidad clave —y quizá la última— para evitar un enfrentamiento militar directo.
Las conversaciones se producen tras semanas de fuertes tensiones alimentadas por las advertencias del presidente estadounidense, Donald Trump, quien ha amenazado con atacar a la República Islámica. Estas amenazas se han justificado tanto por el programa nuclear iraní como por la represión de las protestas internas iniciadas a finales del año pasado, que han dejado miles de muertos y decenas de miles de detenidos.
Desde Teherán, el presidente Masud Pezeshkian confirmó que instruyó a su ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, a participar en negociaciones “justas y equitativas”, siempre que se desarrollen sin amenazas ni exigencias que considere desproporcionadas. El mensaje busca marcar una línea clara: Irán está dispuesto a dialogar, pero no bajo presión directa.
Aunque ni Washington ni Teherán han confirmado oficialmente los detalles, fuentes diplomáticas apuntan a que la cita se celebrará en Estambul con mediación de Turquía, Qatar y Egipto. En el encuentro participarían, además de Araghchi, el enviado especial estadounidense para Oriente Próximo, Steve Witkoff, así como Jared Kushner. También se espera la presencia de representantes de varios países clave de la región, incluidos Arabia Saudí y Omán.
El diálogo llega precedido de una intensa ronda de contactos diplomáticos. Witkoff ha mantenido reuniones en Israel y Emiratos Árabes Unidos, y tiene previsto abordar el tema iraní en Doha. Del lado iraní, Araghchi y otros altos funcionarios han sostenido encuentros en Turquía y Rusia, evidenciando la dimensión internacional del conflicto.
Uno de los principales puntos de fricción es la exigencia de Estados Unidos de que Irán entregue su uranio altamente enriquecido a un tercer país, una propuesta que ya había surgido en intentos fallidos de acuerdo anteriores. Turquía y Rusia han sido mencionados como posibles destinos. Teherán, aunque ha reiterado que no busca armas nucleares, se muestra reticente a aceptar otras demandas estadounidenses, como el desmantelamiento de misiles de largo alcance o el fin del apoyo a grupos armados aliados en la región.
El propio Trump ha combinado mensajes de optimismo con advertencias explícitas, al asegurar que espera un acuerdo, pero advirtiendo que, de no lograrse, “ocurrirán cosas malas”, mientras Estados Unidos refuerza su presencia naval cerca de Irán.
El resultado de la reunión en Estambul tendrá implicaciones que van más allá de ambos países. Un fracaso podría agravar la inestabilidad regional y afectar rutas energéticas clave, mientras que un acuerdo abriría la puerta a una desescalada largamente esperada en una de las zonas más volátiles del mundo.




