Geopolítica y Comercio
A pesar de las declaraciones del sector privado en favor de la continuidad del TMEC como un acuerdo trilateral, con reglas claras y homogéneas para toda América del Norte, Trump continúa considerando convertir la revisión del tratado en dos negociaciones bilaterales. Según Bloomberg, ha estado preguntando a sus colaboradores más cercanos por qué no debería salir del tratado, mientras que la oficina del Representante Comercial (USTR) sostiene que una revisión del acuerdo que no incluya cambios importantes sería contraria a los intereses del país.
Se espera que el primero de abril el USTR publique el reporte con sus recomendaciones sobre el futuro del tratado, un día después de que deberá enviar al Capitolio su informe anual sobre las barreras no arancelarias que enfrentan los productores estadounidenses alrededor del mundo.
Se considera que hay un 20% de probabilidades de que Trump decida salir del TMEC. Esto dependería de que ambas cámaras del Congreso estadounidense aprobaran la medida —por mayoría simple— para que entonces se enviara la notificación formal por escrito a México y Canadá. La salida de Estados Unidos del tratado se daría seis meses después de la recepción de esa carta en Palacio Nacional y en Ottawa y, con ello, sería necesario iniciar negociaciones bilaterales con ambos países, las cuales llevarían al menos un año, sin considerar el periodo de ratificación, que podría tomar más tiempo.
Bajo este escenario, los nuevos acuerdos bilaterales entrarían en vigor entre el segundo semestre de 2028 y el primero de 2029, es decir, al final del mandato de Trump o incluso después de la toma de posesión de su sucesor.
Las amenazas de Trump pueden interpretarse como una manera de elevar el costo político de un acuerdo para México y Canadá; sin embargo, dejan ver que no comprende que sus declaraciones afectan negativamente las expectativas de quienes ya operan —o están interesados en hacerlo— en América del Norte, al generar mayor incertidumbre económica en la región. Si el TMEC, y antes el TLCAN, han producido un ambiente de certeza y estabilidad desde 1994, la insistencia en transformar el tratado en dos acuerdos bilaterales va en sentido contrario.
Trump prefiere acuerdos bilaterales porque considera que ofrecen a Estados Unidos mayor influencia en la negociación y en la solución de cualquier disputa que surja. La probabilidad de que Estados Unidos denuncie el TMEC ha crecido en los últimos meses, tanto por la postura de confrontación asumida por el primer ministro Carney como porque Trump no cuenta con un argumento claro que justifique que el acuerdo continúe siendo trilateral. El único integrante de su círculo cercano que tiende a disentir —y a quien Trump escucha— es el secretario Bessent.
Acostumbrado a ser el centro de atención, Trump nunca imaginó un discurso como el de Carney en Davos, y mucho menos la reacción internacional que provocó. Carney propuso que las economías medianas trabajen unidas y coordinadas para enfrentar las amenazas expansionistas de las grandes potencias —Estados Unidos y China— y, aunque no se asumió como líder, puso como ejemplo lo que está haciendo Canadá. Desde entonces, Trump ha reaccionado con nuevas amenazas: aranceles del 100% si Canadá firma el acuerdo arancelario al que llegó con Xi Jinping; aranceles adicionales si no reconoce las normas estadounidenses de los aviones Gulfstream; y su negativa a la apertura del nuevo puente construido entre Windsor, Ontario, y Detroit.
Las amenazas de Trump explican también, en parte, la propuesta de Estados Unidos de negociar por separado un acuerdo sobre minerales críticos. Siendo un tema estratégico para el gobierno estadounidense, tratarlo en otro foro permitiría acelerar el proceso y evitar que se convierta en ficha de negociación dentro del TMEC. México y Canadá podrían ser dos de los principales proveedores de Estados Unidos de más de 10 de los 60 elementos minerales críticos identificados en la lista publicada en noviembre.
Trump continuará con sus amenazas mientras no reciba una señal clara de que salir del TMEC podría tener efectos negativos en las elecciones de noviembre o provocar una caída importante en los mercados financieros. Dicha caída dependería de los términos en que Estados Unidos abandonara el tratado y de las expectativas que ello generara. Mientras tanto, poco parece importarle que el comercio en la región alcanza ya los 4,400 millones de dólares diarios.



