El gobierno de Canadá dio un paso estratégico en materia de seguridad nacional al presentar un ambicioso programa para fortalecer sus fuerzas armadas y disminuir su dependencia de Estados Unidos. El primer ministro Mark Carney anunció la primera estrategia industrial de defensa del país, una iniciativa que busca redefinir la autonomía militar canadiense en un contexto internacional cada vez más incierto.
El anuncio no es aislado. Durante sus 11 meses al frente del gobierno, Carney ha insistido en la necesidad de reforzar la soberanía nacional, especialmente ante un escenario en el que el presidente estadounidense Donald Trump ha tensionado alianzas tradicionales de Washington. La nueva política canadiense parte de ese diagnóstico: depender menos de su vecino del sur en materia de defensa y fortalecer su propia capacidad industrial y militar.
Uno de los ejes centrales del plan es el Ártico. El gobierno canadiense considera prioritario afirmar su presencia en esa región estratégica, donde el cambio climático está transformando el mapa geopolítico. El aumento de temperaturas y el deshielo acelerado están abriendo nuevas rutas marítimas y facilitando el acceso a minerales críticos, lo que ha intensificado la competencia internacional. En ese escenario, Ottawa busca garantizar que sus intereses y su soberanía estén respaldados por capacidades militares y tecnológicas propias.
La estrategia industrial de defensa apunta no solo al fortalecimiento operativo de las fuerzas armadas, sino también al desarrollo de una base productiva nacional capaz de sostener esa modernización. Esto implica impulsar capacidades internas que reduzcan la necesidad de recurrir a proveedores extranjeros, particularmente estadounidenses.
El movimiento tiene implicaciones regionales y globales. En América del Norte, podría reconfigurar la dinámica de cooperación en seguridad entre ambos países. A nivel internacional, envía una señal clara sobre la creciente importancia del Ártico como zona de disputa estratégica y económica. La competencia por minerales críticos y nuevas rutas comerciales podría intensificarse en los próximos años, y Canadá busca posicionarse con mayor independencia en ese tablero.
En suma, la iniciativa del gobierno canadiense no es únicamente un programa presupuestal: es una declaración de intención política. En un momento en que las alianzas tradicionales atraviesan tensiones y el cambio climático redefine espacios estratégicos, Ottawa apuesta por reforzar su autonomía y su capacidad de decisión en materia de defensa y soberanía territorial.




