La carrera por el dominio del internet satelital ha entrado en una nueva fase. Con el lanzamiento de su primera constelación Leo desde el Centro Espacial Guayanés en Kourou, gestionado por Arianespace, Amazon se posiciona formalmente como competidor directo de SpaceX y su red Starlink.
Detrás del movimiento está Jeff Bezos, quien amplía así su rivalidad empresarial con Elon Musk hacia la órbita terrestre. Hasta ahora, Starlink dominaba con miles de satélites activos y una expansión acelerada desde 2019. La entrada de Leo rompe ese monopolio de facto y confirma que la llamada “carrera del millón de satélites” ya está en marcha.
Escala de despliegue y estrategia industrial
Actualmente orbitan alrededor de 16.000 satélites, más de 13.000 en operación. De ellos, más de 8.000 pertenecen a Starlink, que planea ampliar de forma significativa su constelación. Amazon, por su parte, prevé desplegar más de 3.200 dispositivos hacia el final de la década.
A diferencia de SpaceX, que cuenta con sus propios cohetes para lanzar satélites, Amazon depende de alianzas estratégicas para colocar su infraestructura en órbita. Su primer lote fue enviado en 2025 a bordo de un cohete Atlas V. El servicio comercial comenzará progresivamente en el hemisferio norte este año.
En paralelo, Blue Origin impulsa el proyecto TeraWave, una constelación orientada principalmente a clientes empresariales y gubernamentales, con planes de despliegue a partir de 2027. Aunque comparten la visión de ampliar la conectividad global, las estrategias difieren en escala y mercado objetivo.
Impacto social: brecha digital y nuevos mercados
El objetivo declarado de Leo es llevar internet rápido y confiable a más de 2.500 millones de personas. Según estudios recientes, casi un tercio de la población mundial sigue sin acceso a servicios digitales, especialmente en zonas rurales o aisladas.
En este contexto, las constelaciones en órbita baja —ubicadas a unos 500 kilómetros de altura— ofrecen una alternativa frente a la infraestructura terrestre limitada. Además de hogares rurales, los beneficiarios potenciales incluyen sectores móviles como transporte, servicios de emergencia y escenarios de conflicto.
El precio del servicio aún no se ha definido públicamente, aunque la referencia es el modelo de Starlink, con tarifas que varían según capacidad y velocidad.
Riesgos orbitales y sostenibilidad espacial
La expansión masiva también despierta alertas. Estudios citados por la NASA estiman que podrían existir hasta 500.000 o incluso un millón de satélites en órbita hacia 2030. Actualmente, el 94% de los objetos que rodean la Tierra corresponde a basura espacial: fragmentos de equipos inactivos o restos de colisiones.
El aumento de densidad incrementa las maniobras de evasión y complica las observaciones astronómicas. Expertos advierten que la acumulación podría afectar tanto la investigación científica como la detección de objetos potencialmente peligrosos.
La competencia entre Amazon y SpaceX no solo redefine el mercado del internet satelital; también plantea preguntas regulatorias y ambientales. La conectividad global promete cerrar brechas digitales, pero el desafío será equilibrar innovación, negocio y sostenibilidad en un espacio cada vez más congestionado.



