La eventual llegada de Kevin Warsh a la presidencia de la Reserva Federal de Estados Unidos reabre un debate clave para los mercados: ¿es viable reducir de forma significativa el balance del banco central sin desestabilizar el sistema financiero?
Warsh, exgobernador del organismo y crítico histórico de las compras masivas de activos, ha cuestionado el tamaño actual del balance, que alcanzó un máximo cercano a 9 billones de dólares en 2022 tras los programas de estímulo implementados durante la crisis financiera y la pandemia. Aunque la Fed logró reducirlo a 6.7 billones mediante el llamado ajuste cuantitativo (QT), el proceso encontró límites operativos claros.
Restricciones estructurales del sistema monetario
El principal obstáculo no es político, sino técnico. El esquema actual de política monetaria depende de que los bancos mantengan elevados niveles de reservas. Esas reservas permiten a la Fed controlar la tasa de fondos federales mediante herramientas automáticas de absorción y provisión de liquidez formalizadas desde 2019.
Reducir drásticamente las tenencias del banco central implicaría retirar liquidez del sistema. Sin cambios regulatorios que disminuyan la demanda de reservas por parte de los bancos, esa contracción podría traducirse en volatilidad en los mercados de corto plazo y pérdida de control sobre las tasas.
De hecho, el último episodio de QT terminó cuando las tasas del mercado monetario comenzaron a tensionarse y algunas instituciones financieras recurrieron directamente a la ventanilla de la Fed para cubrir necesidades de liquidez. El ajuste fue detenido para evitar mayores distorsiones.
Riesgos para la estabilidad financiera
Analistas coinciden en que una reducción adicional del balance requeriría modificar reglas de liquidez bancaria o rediseñar herramientas como las operaciones repo permanentes. Sin embargo, estas medidas no están exentas de costos: menores colchones de liquidez podrían aumentar riesgos sistémicos.
Además, reactivar el QT enviaría una señal adversa al mercado de bonos. Podría interpretarse como una menor disposición futura de la Fed a utilizar su balance en momentos de estrés, lo que presionaría al alza los costos de financiamiento del gobierno y del sector privado.
Impacto en tasas y financiamiento público
Warsh ha sostenido que un balance más pequeño permitiría fijar una tasa objetivo más baja y reducir distorsiones que, a su juicio, benefician desproporcionadamente a Wall Street. No obstante, bajo el marco operativo actual, una contracción significativa podría hacer más volátil el control de tasas, afectando tanto el mandato de inflación como el de empleo.
En síntesis, aunque el discurso apunta a una Fed más austera, la arquitectura financiera construida tras la crisis limita el margen de maniobra. Más que una decisión ideológica, el tamaño del balance parece hoy condicionado por la mecánica del sistema bancario y la estabilidad de los mercados monetarios.



