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Made to order moda redefine producción sostenible

La producción bajo demanda gana terreno como alternativa a la sobreproducción, con modelos inspirados en África y adoptados por marcas emergentes.

La industria de la moda enfrenta una tensión estructural: la necesidad constante de vender frente al impacto ambiental de producir en exceso. En este escenario, el modelo de producción bajo demanda —conocido como made-to-order— emerge como una alternativa que replantea tanto la fabricación como el consumo de prendas.

El cambio no es menor. La sobreproducción sigue siendo uno de los principales problemas del sector: cada año se desechan 92,000 millones de kilogramos de ropa a nivel global, equivalente a un camión lleno por segundo. A esto se suma un patrón de uso breve: en promedio, una prenda se utiliza apenas siete veces antes de descartarse. Esta lógica convierte a la ropa en un bien de consumo efímero, con consecuencias directas en residuos, recursos naturales y cadenas de suministro.

Frente a este modelo, el made-to-order propone producir únicamente lo que ya tiene un comprador, eliminando excedentes desde el origen.

De la estandarización al ajuste individual

El sistema actual de producción masiva tiene raíces históricas claras. Con la industrialización y la introducción de la máquina de coser, la ropa dejó de hacerse a medida para adaptarse a tallas estándar. Este cambio permitió democratizar el acceso a la moda, pero también instauró una lógica de volumen que hoy domina el mercado.

Algunos hitos de este proceso incluyen:

  • Consolidación del ready-to-wear como modelo dominante desde el siglo XIX
  • Aparición de grandes almacenes con precios fijos y producción estandarizada
  • Transformación de la ropa en un producto accesible para la clase media
  • Reducción progresiva de la reparación o ajuste de prendas
  • Normalización del descarte frente a la reutilización

Este sistema, centrado en la disponibilidad inmediata, es el que el made-to-order cuestiona al priorizar ajuste, duración y relación directa con el usuario.

África como referencia productiva vigente

En distintas regiones del continente africano, la producción bajo demanda no representa una innovación reciente, sino una práctica histórica. La ropa ha funcionado tradicionalmente como un medio de expresión cultural, social y personal, lo que hace inviable la producción masiva homogénea.

En este contexto, la confección se organiza en torno a necesidades específicas, eventos y significados. Ejemplos relevantes incluyen:

  • Uso de tejidos como Kente (Ghana), Adire (Nigeria) y Bogolan (Malí), con carga simbólica
  • Producción de prendas para ocasiones concretas como bodas o funerales
  • Trabajo de sastres locales que adaptan cada pieza al cliente
  • Integración de textiles importados reinterpretados con significado local
  • Persistencia del modelo tras procesos históricos como la colonización

Este enfoque no solo responde a una lógica cultural, sino también a una estructura productiva que evita excedentes y mantiene activa la economía local.

Nuevos modelos híbridos y límites comerciales

En la práctica contemporánea, el made-to-order adopta distintas formas. Algunos diseñadores combinan pequeñas existencias con producción a medida, mientras otros operan exclusivamente bajo pedido o mediante preventas.

Entre las estrategias observadas destacan:

  • Producción de alta moda bajo pedido para evitar sobrestock
  • Uso de preventas para financiar la fabricación sin capital inmovilizado
  • Integración de materiales reciclados o upcycled en prendas bajo demanda
  • Producción en series pequeñas adaptadas a pedidos reales
  • Personalización de diseño, tejido o color según el cliente

Este modelo introduce una relación más directa entre diseñador, prenda y usuario. Sin embargo, también enfrenta límites claros: menor visibilidad en el mercado, necesidad de mayor inversión en comunicación y tiempos de espera que no siempre encajan con el consumo inmediato.

La tensión entre sostenibilidad y crecimiento comercial se mantiene. Para algunas marcas, producir más implica ganar presencia; para otras, evitar excedentes es una condición de supervivencia financiera.

Industria y cultura: redefinir el valor de la espera

El made-to-order no solo modifica procesos productivos, también reconfigura la percepción del valor en la moda. La espera, en este contexto, deja de ser una desventaja para convertirse en parte del significado de la prenda.

Este cambio cultural implica:

  • Revalorización del tiempo de producción como parte del producto
  • Mayor conexión emocional entre usuario y prenda
  • Reducción del consumo impulsivo
  • Reconocimiento del trabajo artesanal y técnico

La propuesta no apunta a eliminar la producción tradicional, que sigue siendo clave para la visibilidad y escala de muchas marcas, sino a coexistir con modelos más ajustados a la demanda real.

Qué sigue

El avance del made-to-order depende de su capacidad para equilibrar sostenibilidad y viabilidad comercial. Su adopción creciente entre marcas emergentes sugiere un cambio de mentalidad, pero no una sustitución inmediata del sistema dominante.

Más que una ruptura, se perfila como una corrección del modelo actual: producir menos, con mayor intención y en diálogo directo con quien viste la prenda.

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