8 de octubre de 2026

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3 de agosto de 2026

Entre enredos, conflictos y asuntos pendientes

México enfrenta un mosaico de crisis: poder judicial cuestionado, presupuesto electoral recortado, aranceles inciertos, inflación que no baja y miles de desaparecidos sin respuesta.

Los retazos…

Después de un prolongado descanso, de su parte y de la mía, me alegra decir que existen muchos temas que comentar. Como siempre, todos a manera de retazos; es decir, pequeños asuntos que tal vez interesen al auditorio: breves, pero sustanciosos.

Iniciaré con el tema político, que tan revuelto está y que, como dijera alguien, ya no se entiende. Que si el Poder Legislativo se ha convertido en una cueva de Alí Babá, aunque eso ya lo sabíamos; que si el Poder Judicial está cada día peor, con sus genios juzgadores, salvo uno que otro, porque existen honrosas excepciones que ahí la llevan; y, por último, el Poder Ejecutivo, que en ocasiones se enreda más que un queso de Oaxaca.

Y, por qué no mencionarlo, también está el Instituto Nacional Electoral, peleando a rajatabla por los recursos necesarios para las elecciones del año que entra. No se trata de cualquier asunto: durante 2026, el INE cuenta con poco más de 14 mil millones de pesos, después de un recorte de mil millones, y ya debe preparar el proceso electoral federal 2026-2027. 

Y así podríamos continuar con otros tantos asuntos políticos: etcétera, etcétera y etcétera. Pero pasemos ahora a lo económico.

Tenemos la trifulca que se ha armado alrededor del T-MEC y de los aranceles: que si se aplican o no, a cuáles productos y en qué porcentaje. Aunque cerca de 85% de las exportaciones mexicanas todavía puede entrar a Estados Unidos sin pagar aranceles, sectores como el automotriz, el acero y el aluminio continúan sujetos a decisiones y medidas que mantienen la incertidumbre.

Todo ello sin dejar de contemplar el tema de los migrantes, que representa un problema mundial, pero especialmente importante para nuestro país, convertido en territorio de tránsito, recepción y retorno de miles de personas que buscan llegar a Estados Unidos.

No sé si esto sea para bien o para mal, aunque estoy consciente de que se trata de un problema extremadamente complejo por razones humanitarias. También puede generar presiones sobre los servicios públicos, el empleo, la vivienda y las comunidades que reciben a la población migrante, especialmente en las ciudades fronterizas.

En materia de inflación, el Gobierno federal sostiene que el problema está controlado. En junio, la inflación general se ubicó en 3.37%, cifra que parecería dar cierta tranquilidad. Sin embargo, los alimentos, las bebidas y el tabaco aumentaron más de 5%, mientras que los servicios lo hicieron cerca de 4.5%.

Eso explica por qué las cifras oficiales pueden decir una cosa y el bolsillo de las familias sentir otra. Que la inflación disminuya no significa que los precios bajen, sino únicamente que aumentan con menor velocidad. Habrá que observar lo que ocurre más adelante.

Lo que sí sucede es que diariamente vemos manifestaciones de transportistas, mineros, agricultores, comerciantes y muchos otros sectores que reclaman atención a sus problemas. Esto ocurre independientemente de la inseguridad que, aunque se diga que está controlada en la mayor parte del territorio nacional, continúa afectando a distintas regiones.

Las cifras también hablan: casi seis de cada diez habitantes de las ciudades consideran inseguro el lugar donde viven. Entre las mujeres, la proporción es todavía mayor.

El propio Gobierno reconoce que en algunos estados, como Sinaloa, Guerrero y algún otro, la situación está que arde. Ahí será necesario reconstruir el tejido social con mayor atención, profundidad y constancia, no solamente por encima ni mediante discursos que pretenden resolver lo que la realidad desmiente todos los días.

Fuera de lo mencionado de manera sucinta, tenemos que insistir y presionar al Gobierno para que las cosas mejoren. No se trata solamente de criticar por criticar, sino de exigir que las instituciones cumplan con la responsabilidad que les corresponde.

En lo social también hay mucho que revisar para percatarnos de cómo estamos en realidad, más allá del discurso político y retórico. Uno de los problemas más graves es la desaparición de personas, principalmente mujeres, niñas, niños y adolescentes.

En marzo de este año, el registro oficial contabilizaba más de 132 mil personas desaparecidas y no localizadas. No son números aislados ni simples expedientes: detrás de cada caso existe una familia que busca, pregunta y espera una respuesta que muchas veces nunca llega.

Poco a poco comentaremos de manera más extensa estos temas, con la intención de crear conciencia en una sociedad que, en ocasiones, parece alejarse de lo que ocurre día con día y del lugar en el que realmente estamos.

Saludos desde mi trinchera.

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