2 de octubre de 2026

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El espejo antes que la tribuna

Pelea entre diputados de Morena y PRI en el Senado reabre el debate sobre autocontrol y ética política: ¿puede gobernar a otros quien no logra gobernarse a sí mismo?

Decía el filósofo chino Confucio: «quien no sabe gobernarse a sí mismo, ¿cómo podrá gobernar a otros?». Esta frase marca, a mi parecer, todos los límites éticos y morales que las personas servidoras públicas deberíamos seguir, y como ciudadanía es lo mínimo indispensable que deberíamos exigirle a quienes nos representan en los distintos puestos de responsabilidad.

Puede sonar a un escenario utópico, pero estoy convencida de que, de esa forma, obligaríamos a nuestras y nuestros gobernantes a ver hacia adentro, a cuestionarse: ¿cuáles son mis miedos? ¿cuáles son mis reacciones ante esos miedos? ¿cómo puedo ser mejor persona? ¿merece la pena reaccionar a esto? ¿cuáles son mis motivaciones?

Traigo todo esto a colación por los recientes hechos ocurridos en la Comisión Permanente del Congreso, en las instalaciones del Senado de la República, en donde los diputados federales Arturo Ávila, de Morena, y Carlos Gutiérrez Mancilla, del PRI, protagonizaron un enfrentamiento en el Patio del Federalismo. El intercambio verbal escaló a empujones, jaloneos y manotazos frente a las cámaras, hasta que terceros lograron separarlos. No es la primera vez que Gutiérrez Mancilla se ve envuelto en este tipo de episodios: en agosto de 2025, en la entonces sede del Senado en Xicoténcatl, intervino durante la pelea entre Alejandro Moreno y Gerardo Fernández Noroña.

Como ciudadana me indigna, y como aspirante a un puesto de representación popular en algún punto de mi vida, me preocupa que ese sea el nivel que se le muestre a quienes depositaron su confianza para otorgarles ese lugar.

Alguna vez un maestro en la universidad dijo que la gente siempre repite que el pueblo tiene el gobierno que merece, y en realidad es al revés: el gobierno tiene el pueblo que merece. El espectro público tendría que ser visto como un buen ejemplo, como una brújula de buen comportamiento y de intenciones correctas. Solo así podemos aspirar a construir el país que merecemos.

Lo que pasó con estos dos diputados debería servirnos para reflexionar sobre la importancia de la autorregulación y el autoconocimiento.

Aspiremos a ser mejores personas, aspiremos a ser mejores representantes. Rechacemos la violencia, los insultos y las provocaciones como forma de relacionarnos entre nosotros, sobre todo si las personas confiaron en ti para representarles.

Nos leemos a la próxima.

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