Las principales organizaciones internacionales de cardiología publicaron este 28 de agosto una nueva definición de infarto, con cambios en los criterios utilizados para identificar y clasificar el daño cardíaco. La actualización fue presentada durante el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología, en Múnich, Alemania, y fue desarrollada conjuntamente por la Sociedad Europea de Cardiología, el Colegio Americano de Cardiología, la Asociación Americana del Corazón y la Federación Mundial del Corazón.
La quinta definición universal de infarto de miocardio sustituye la clasificación numérica utilizada desde 2018 por tres categorías clínicas: infarto primario, secundario y relacionado con procedimientos médicos. El objetivo es que la clasificación refleje con mayor precisión el mecanismo que provoca el daño cardíaco y facilite decisiones diagnósticas y terapéuticas más consistentes.
Uno de los cambios relevantes está relacionado con la troponina cardíaca, una proteína que puede detectarse en la sangre cuando existe daño en el músculo del corazón. La nueva definición incorpora límites de referencia específicos por sexo para esta prueba, una modificación que busca mejorar la precisión diagnóstica y reducir el riesgo de que algunos infartos en mujeres no sean identificados correctamente.
La actualización también presta mayor atención a situaciones en las que el infarto no se produce por el mecanismo tradicional de un coágulo que bloquea una arteria coronaria. Entre los mecanismos contemplados se encuentran los espasmos de las arterias coronarias, las embolias y la disección espontánea de las arterias coronarias, condiciones que requieren una evaluación distinta porque el origen del problema puede modificar el tratamiento.
Para los especialistas, reconocer el mecanismo detrás del infarto es importante porque no todos los pacientes necesitan la misma estrategia. La nueva clasificación recomienda integrar la evaluación clínica con pruebas de laboratorio, electrocardiogramas y estudios de imagen cuando sean necesarios para determinar la causa del evento cardiovascular.
Otro cambio consiste en establecer criterios objetivos para identificar infartos silenciosos o no reconocidos previamente. Esto puede ayudar a diferenciar lesiones antiguas del corazón de otros tipos de daño cardíaco y mejorar tanto la atención clínica como la investigación sobre enfermedades cardiovasculares.
La actualización también modifica el concepto de MINOCA, utilizado para describir casos en los que existen características de un infarto pero las arterias coronarias no presentan una obstrucción significativa. La nueva definición plantea que esta condición debe considerarse un diagnóstico de trabajo y no necesariamente la explicación final del problema, por lo que se requiere continuar investigando su causa.
La relevancia de estos cambios no se limita al diagnóstico individual. Las cuatro organizaciones participantes señalan que una clasificación más uniforme puede facilitar la comparación de resultados entre países y mejorar la investigación clínica. Además, el documento incorpora propuestas de códigos compatibles con la clasificación internacional de enfermedades ICD-11 para favorecer una aplicación más consistente en los sistemas sanitarios.
La quinta definición reemplaza oficialmente al documento publicado en 2018 y fue elaborada por un grupo multidisciplinario con especialistas de 12 países de cinco continentes. Su aplicación dependerá de que los nuevos criterios sean incorporados progresivamente a la práctica clínica y a los protocolos utilizados por los servicios de salud.
La nueva definición de infarto no cambia el hecho de que el diagnóstico debe realizarlo personal médico, pero sí actualiza las herramientas utilizadas para determinar cuándo existe un infarto, qué mecanismo lo provocó y qué información debe considerarse para atender al paciente. La modificación busca que esa evaluación sea más precisa y consistente, especialmente en aquellos casos que anteriormente podían resultar difíciles de clasificar.



