Frente al estrés hídrico y las variaciones climáticas que impactan al campo, la marca EVA integró la sostenibilidad como eje central de su negocio. La compañía combina invernaderos tecnificados, trazabilidad digital y monitoreo ambiental para optimizar recursos naturales. De acuerdo con Francisco Castillo, director de Lechuga EVA —filial de Grupo Altex—, este esquema de cultivo hidropónico consume 85% menos agua en comparación con los métodos agrícolas tradicionales de cielo abierto.
El proceso productivo consta de siete fases estructuradas: cultivo, cosecha, empacado, transporte, línea de frío, distribución y venta en anaquel. En el interior de las naves agrícolas, sensores automatizados regulan la luz, los nutrientes del agua, la temperatura y la ventilación. Gracias a estas condiciones estables, la firma también reduce en 35% sus emisiones de dióxido de carbono respecto a los sembradíos convencionales.
Frescura prolongada y cadena de frío
La eficiencia técnica incide directamente en la conservación del vegetal tras la cosecha. Mientras que un producto de campo difícilmente sobrevive una semana en buenas condiciones, los ejemplares hidropónicos mantienen su frescura por un mínimo de dos semanas:
- Conservan la temperatura de transporte y almacenaje entre 0 y 4 grados Celsius hasta el anaquel.
- Cumplen con certificaciones internacionales de calidad e inocuidad como GlobalG.A.P., PrimusGFS y HACCP.
- Integran auditorías laborales y éticas bajo la norma SMETA.
- Ofrecen trazabilidad integral desde el invernadero hasta el consumidor final.
Economía circular y planeación comercial
El esquema operativo se complementa con prácticas de reutilización de insumos. La compañía utiliza cajas plásticas retornables para evitar la compra constante de empaques desechables. Asimismo, la administración vincula la siembra directamente con la demanda proyectada del mercado, evitando cosechar sin un comprador confirmado para frenar el desperdicio alimentario.
El directivo subrayó que la recuperación de agua y nutrientes requiere inversiones iniciales importantes, pero representará una exigencia normativa obligatoria para la industria en el futuro cercano. Finalmente, el modelo de agricultura sostenible de EVA demuestra que la medición de insumos y el control biológico permiten asegurar la rentabilidad del negocio sin comprometer el equilibrio de los recursos naturales.



