30 de septiembre de 2026

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Movilidad eléctrica avanza en México, pero enfrenta retos para su adopción

La movilidad eléctrica gana terreno en México con un aumento en las ventas de vehículos electrificados y en la infraestructura de carga. Sin embargo, el país todavía enfrenta retos relacionados con cobertura, regulación, inversión y acceso a nuevas tecnologías.

La movilidad eléctrica continúa ganando terreno en México, impulsada por una mayor oferta de vehículos, nuevas inversiones de la industria automotriz y el crecimiento de la infraestructura de carga. Sin embargo, la adopción todavía enfrenta retos relacionados con la distribución de cargadores, los costos, la regulación y la capacidad para atender una demanda que podría aumentar en los próximos años.

Durante el primer semestre de 2026, las ventas de vehículos eléctricos, híbridos conectables y eléctricos de rango extendido alcanzaron 53 mil 430 unidades, un crecimiento de 22% respecto al mismo periodo de 2025, de acuerdo con datos de la Electro Movilidad Asociación. De este total, 22 mil 236 correspondieron a vehículos completamente eléctricos y 31 mil 63 a híbridos conectables.

El crecimiento también se refleja en la infraestructura. A junio de 2026 se contabilizaron 60 mil 934 posiciones de recarga públicas y privadas en el país, 55.2% más que las registradas durante el mismo periodo del año anterior. Sin embargo, la mayor parte corresponde a espacios privados, como viviendas, agencias y establecimientos de acceso restringido. La red pública alcanzó alrededor de 4 mil 655 conexiones.

Esta diferencia representa uno de los principales retos para la expansión de la movilidad eléctrica. Tener un vehículo eléctrico implica contar con alternativas de carga disponibles cuando el usuario no puede hacerlo en casa. Para quienes realizan recorridos largos o viven en lugares donde no es posible instalar un cargador, la disponibilidad de estaciones públicas resulta especialmente importante.

La distribución de la infraestructura también es relevante. No basta con incrementar el número total de cargadores si estos se concentran en determinadas ciudades o corredores. Para facilitar viajes entre estados y ampliar el uso de vehículos eléctricos, es necesario desarrollar redes que conecten diferentes regiones y que incluyan opciones de carga rápida.

Otro desafío está relacionado con la capacidad eléctrica necesaria para acompañar el crecimiento. La electrificación del transporte aumenta la demanda de energía y requiere que las redes puedan atender nuevos puntos de carga sin afectar la confiabilidad del suministro. La planeación debe considerar tanto las necesidades actuales como el crecimiento esperado del parque vehicular.

La industria automotriz también está realizando inversiones para ampliar la producción nacional. En julio de 2026, Kia anunció una inversión de 649 millones de dólares para establecer en Nuevo León una línea de producción del vehículo eléctrico Kia EV3, además de desarrollar una red nacional de recarga. El proyecto contempla también infraestructura energética y nuevas oportunidades de empleo.

La transición no se limita a los automóviles particulares. En mayo de 2026, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales firmó una carta compromiso con la Alianza ZEBRA para impulsar la electrificación del transporte público colectivo. Esto incluye acciones destinadas a acelerar la incorporación de vehículos de cero emisiones en distintas ciudades del país.

La regulación también forma parte del proceso. El Programa Nacional de Infraestructura de la Calidad 2026 contempla trabajos relacionados con los requisitos de seguridad e información comercial para determinados vehículos eléctricos y con las baterías recargables utilizadas en sistemas de electromovilidad. Contar con normas claras permite establecer condiciones de seguridad para fabricantes, importadores y consumidores.

Otro reto es el acceso económico. Aunque la oferta de modelos eléctricos e híbridos ha aumentado, los precios continúan siendo un factor que puede limitar su incorporación para una parte de los consumidores. A esto se suman costos relacionados con la instalación de cargadores, mantenimiento especializado y disponibilidad de refacciones.

La transición también requiere desarrollar talento y cadenas de suministro relacionadas con baterías, componentes electrónicos y sistemas de carga. México cuenta con una industria automotriz consolidada, pero la electromovilidad introduce nuevas necesidades tecnológicas que requieren capacitación e inversión.

El crecimiento de las ventas y de la infraestructura muestra que la movilidad eléctrica ya forma parte de la transformación del transporte en México. El reto para los próximos años será lograr que ese crecimiento esté acompañado por una red de carga suficiente, regulación adecuada, capacidad energética y opciones accesibles para distintos tipos de usuarios.

La adopción de vehículos eléctricos, por lo tanto, no depende únicamente de cuántos modelos lleguen al mercado. También requiere construir todo un ecosistema que permita cargarlos, mantenerlos y utilizarlos de manera práctica tanto dentro de las ciudades como en trayectos de larga distancia.

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