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Inició el periodo más crítico de cualquier campaña política porque, de acuerdo con diferentes estudios, el votante promedio recuerda al sufragar lo que sucedió en las últimas cuatro semanas. Por eso, debemos esperar los ataques más fuertes y las declaraciones más estridentes desde hoy y hasta el cinco de noviembre, fecha en la que ambos partidos saben que deberán movilizar a más de los 158.4 millones de personas que votaron en el 2020, la cifra más alta de cualquier elección presidencial en la historia de Estados Unidos.
Los medios de comunicación y el desempeño de los partidos han hecho que los candidatos ajustes sus campañas enfocándose en aquellos estados donde no hay una clara preferencia y así contribuir a lograr la suma mínima de 270 votos electorales. Richard Nixon visitó en 1960 los 50 estados antes del día de la elección, mientras que en 1976 Gerald Ford y Jimmy Carter hicieron campaña en 30 estados.
Esta vez, con una diferencia menor de 2 puntos en favor de Kamala Harris a nivel nacional, el resultado dependerá de lo que suceda en Arizona (11 votos electorales), Carolina del Norte (16), Georgia (16), Michigan (15), Nevada (6), Pennsylvania (19) y Wisconsin (10), por lo que resultará indispensable hacer que acudan a votar todos los ciudadanos registrados, sin importar el tamaño de su comunidad, en particular de estos siete estados. En 2016, Hillary Clinton sobre estimó el número de personas que votarían en estados clave como Michigan, Pennsylvania y Wisconsin en base a las encuestas nacionales que la daban como ganadora y perdió a pesar de haber obtenido 65.85 millones de votos (48.2% del total) contra 62.98 millones de votos (46.1%) en favor de Trump.
Se espera que esta elección sea tan cerrada, o más, que la de 1960 – cuando Kennedy le ganó a Nixon por menos de un punto porcentual – o la del 2000, cuando la Suprema Corte tuvo que intervenir para declarar ganador a George W. Bush sobre Al Gore. Lo apretado de la elección también se ha reflejado en las elecciones para el congreso, el que se espera continuará dividido. Y el análisis se vuelve más complicado al considerar que aunque a nivel nacional Kamala tiene una leve ventaja, Trump sigue siendo la elección preferida en dos de los temas claves: el manejo de la economía y el control de la frontera.
Kamala ha generado una respuesta muy favorable sobre todo entre las mujeres, muchas de las cuales habían declarado que no votarían mientras el candidato demócrata fue Joe Biden. Sin embargo, no ha logrado generar entre los latinos el mismo nivel de apoyo que tuvo Biden hace cuatro años, entre los hombres afro-americanos de menores ingresos que no la considera apta para liderear al país y tampoco ha logrado el apoyo esperado de los jóvenes en edad universitaria por el apoyo irrestricto de Estados Unidos a Israel en el conflicto de Gaza. De ahí la cantidad de entrevistas que está realizando en diversos medios para tratar de maximizar que la gente la conozca, además que el gobernador Walz no ha tenido el efecto que se esperaba entre los votantes indecisos, de zonas rurales y de género masculino.
Hasta que Biden renunció el 21 de julio a la candidatura demócrata, los mensajes de Trump sobre política económica fueron mejor recibidos por el público, lo que le dio una ventaja de hasta seis puntos en las encuestas a nivel nacional. Desde entonces, sus discursos y los del senador JD Vance se han enfocado sobre todo en denostar a la vicepresidenta Harris e incluso a inventar historias – como la de los migrantes asiáticos que se estaban comiendo las mascotas de los habitantes de Springfield, Ohio – con tal de distraer la atención de la campaña de Kamala. Esta situación ha generado que una parte del electorado empiece a cuestionar si a sus 78 años, Trump tiene lo necesario para desempeñar un segundo periodo como presidente.
Trump insiste en definirse como el candidato que necesita Estados Unidos cuando todo va mal: la economía es un desastre, el resto del mundo se burla de ese país y hay que expulsar a los migrantes, que son la fuente de la mayoría de los problemas de la sociedad estadounidense. Kamala continúa sin definir su postura sobre diversos temas económicos y sin lograr distanciarse de los errores cometidos por Biden en estos cuatro años, enfatizando que lo mejor está por venir cuando sea electa presidente. Podemos asegurar que el ganador será quien haga menos errores las próximas cuatro semanas y logre transmitir una imagen de fortaleza, seriedad, confianza y equilibrio.