A menos de un año de que comience el Mundial 2026, la figura de Mauricio Pochettino, técnico de la selección de Estados Unidos, empieza a generar debate entre aficionados y expertos. El estratega argentino, que llegó con el reto de consolidar a una generación prometedora, suma 13 partidos con ocho triunfos y cinco derrotas, un balance que ha dejado insatisfechos a varios sectores, sobre todo tras tropiezos en la Liga de Naciones y partidos amistosos.
Estados Unidos, que será anfitrión junto con México y Canadá, afronta una presión inédita: ahora cuenta con jugadores consolidados en ligas europeas y una afición que exige resultados inmediatos. Aunque Pochettino destaca por su experiencia en clubes de primer nivel, aún no logra definir un estilo de juego sólido, algo que preocupa considerando que la Copa Oro es su última prueba oficial antes de la justa mundialista.
En la actual Copa Oro, la selección estadounidense avanzó con paso perfecto en la fase de grupos, pero la baja asistencia en los estadios refleja la desconexión entre equipo y público. Analistas apuntan que esta falta de identidad afecta la confianza de jugadores y seguidores. Además, la reciente conversación entre Donald Trump y Gianni Infantino subrayó la expectativa política y social que rodea al combinado norteamericano: ganar en casa es más que un deseo, es casi una obligación.
Pochettino, consciente del reto, sabe que debe resolver los problemas ofensivos que arrastra su equipo, que apenas suma ocho goles en seis partidos desde enero, cinco de ellos ante rivales de menor jerarquía. Con un centro de alto rendimiento pronto a estrenarse en Atlanta y la base de jugadores cada vez más sólida, la tarea del argentino es transformar el potencial en resultados convincentes, antes de que el sueño de brillar en casa se convierta en una pesadilla.