La persistente incertidumbre en los mercados globales ha desatado una fuerte demanda de activos de refugio, impulsando significativamente los precios del oro y la plata. El metal dorado ha alcanzado su nivel más alto en tres semanas, mientras que la plata se ha disparado a su mejor cotización en 14 años, rozando máximos históricos. Este repunte subraya la preocupación de los inversores ante un panorama económico y geopolítico volátil.
El oro y la plata son tradicionalmente considerados valores seguros en tiempos de crisis. Su apreciación actual refleja una búsqueda de protección frente a factores como la inflación, las tensiones comerciales y las políticas monetarias inciertas. Los inversores están redirigiendo capitales hacia estos metales preciosos para resguardar sus carteras de posibles turbulencias en otros mercados, como el de acciones o divisas.
La escalada en los precios de ambos metales preciosos también podría señalar una creciente aversión al riesgo generalizada. La inestabilidad en varias regiones del mundo y la anticipación de posibles desaceleraciones económicas hacen que los activos tangibles y con valor intrínseco, como el oro y la plata, sean particularmente atractivos. Este comportamiento del mercado no solo impacta a los inversores, sino que también tiene implicaciones para las empresas mineras y las economías dependientes de la producción de estos metales, quienes podrían ver un aumento en sus ingresos gracias a esta fuerte demanda.



