Apple ha anunciado un compromiso masivo para invertir US$100,000 millones adicionales en Estados Unidos en los próximos cinco años, una medida que eleva su inversión total en el país a más de US$155,000 millones. Esta decisión, comunicada en un momento de intensas presiones políticas sobre las grandes tecnológicas, se presenta como un respaldo a la agenda de la administración para fortalecer la manufactura y la creación de empleos en territorio estadounidense.
La inversión se destinará a una variedad de áreas, incluyendo el desarrollo de nueva tecnología, la expansión de su red de proveedores y el fomento de la creación de empleos en distintas regiones del país. Este compromiso no solo refleja la enorme liquidez de la empresa, sino también su intención de mitigar las tensiones comerciales y políticas con la administración de Donald Trump, quien ha criticado duramente a las compañías que fabrican sus productos en el extranjero.
Analistas del sector ven esta inversión como una movida estratégica por parte de la compañía. Más allá de sus méritos económicos, la decisión podría ser interpretada como un esfuerzo para alinearse con los objetivos de la Casa Blanca y así proteger sus intereses en un clima político volátil. Aunque el anuncio es un claro beneficio para la economía estadounidense, también subraya cómo la política puede influir en las decisiones de inversión de las corporaciones globales.
Esta inversión a gran escala demuestra la capacidad de Apple para reaccionar a las exigencias del entorno político, al tiempo que busca solidificar su posición como un motor de crecimiento tecnológico y económico en su país de origen.



