El peso mexicano ha tenido un inicio de semana complicado, experimentando una depreciación significativa frente al dólar estadounidense. En las primeras horas de la jornada, la moneda mexicana retrocedió cerca de 0.7%, con el tipo de cambio acercándose a la barrera psicológica de los 18.50 pesos por dólar. Esta presión se atribuye a una confluencia de factores externos e internos que han erosionado la confianza de los inversores.
El principal motor de la depreciación del peso es un ambiente de aversión al riesgo en los mercados globales, que ha llevado a los inversores a buscar refugio en activos más seguros, como el dólar estadounidense. La incertidumbre sobre la dirección de la política de la Reserva Federal y la expectativa de datos económicos clave en Estados Unidos han fortalecido al dólar, afectando a las monedas emergentes.
A esta situación se suman preocupaciones internas. Los analistas del mercado señalan que la nueva administración en México y el panorama político local están generando cautela. La combinación de estas tensiones internas con la volatilidad externa ha creado un escenario particularmente difícil para la moneda mexicana.
La situación actual subraya la vulnerabilidad del peso a factores externos. A pesar de su resiliencia en periodos anteriores, la moneda sigue siendo un termómetro de la percepción de riesgo global y local. El desafío para las autoridades económicas será gestionar esta volatilidad y transmitir un mensaje de estabilidad que pueda contrarrestar las presiones de los mercados.



