En una decisión sorpresiva, Visa ha cerrado su unidad de banca abierta en Estados Unidos, señalando la escalada de la disputa sobre quién controla los datos financieros de los consumidores. La medida se produce en medio de un intenso debate entre bancos tradicionales y empresas de tecnología financiera (fintechs). Mientras los bancos promueven el uso de interfaces de programación de aplicaciones (API) estandarizadas por la industria para compartir datos, las fintechs como Visa preferían métodos de acceso más directos, que algunos bancos consideran menos seguros.
Este enfrentamiento destaca la falta de una regulación clara y unificada en EE. UU. sobre el open banking, un campo donde la nación se rezaga detrás de otras economías. En contraste, la Unión Europea ha implementado un marco regulatorio sólido (como la directiva PSD2) que obliga a los bancos a compartir datos a través de APIs, lo que ha facilitado la innovación y el desarrollo de nuevos servicios. Mientras los reguladores estadounidenses, como la CFPB, preparan sus propias normativas, la incertidumbre ha llevado a un punto muerto.
La decisión de Visa es un claro indicador de que, sin un marco normativo claro, la innovación en la banca abierta en EE. UU. podría estancarse. El debate no es solo sobre el acceso a los datos, sino sobre la confianza y la seguridad, que son primordiales para los consumidores. La resolución de este conflicto será crucial para determinar el futuro de la banca digital y quién dominará el panorama de los servicios financieros en la próxima década.



