La visita oficial del presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, a China marca un nuevo capítulo en la relación entre Montevideo y Pekín, en un escenario internacional cada vez más fragmentado y atravesado por tensiones económicas y políticas. El encuentro con el presidente Xi Jinping, realizado el 3 de febrero de 2026 en el Gran Palacio del Pueblo, no solo consolidó acuerdos bilaterales, sino que también reflejó una lectura compartida sobre el rumbo del orden global.
El acercamiento se da en un momento en que varios líderes occidentales han optado por reforzar vínculos con la segunda economía mundial, en parte como respuesta a las políticas arancelarias impredecibles impulsadas por Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump. En este contexto, China busca posicionarse como un socio estable para países que buscan diversificar alianzas y reducir vulnerabilidades externas.
Durante la reunión, Xi Jinping defendió la necesidad de avanzar hacia un “mundo multipolar equitativo y ordenado”, advirtiendo sobre el aumento de prácticas unilaterales en el sistema internacional. Desde la perspectiva china, fortalecer la cooperación con países del Sur Global, como Uruguay, forma parte de una estrategia más amplia para impulsar una globalización económica más inclusiva y equilibrada. Pekín también expresó su respaldo a América Latina y el Caribe en la defensa de su soberanía y de sus intereses de desarrollo.
Por su parte, Orsi subrayó los riesgos del complejo escenario internacional y regional, y coincidió con su homólogo en la importancia de preservar un sistema de comercio internacional basado en reglas. Uruguay y China acordaron trabajar para aumentar y diversificar el comercio bilateral, un punto clave para Montevideo si se considera que China ya es su principal socio comercial, el mayor destino de sus exportaciones y un comprador estratégico de productos agrícolas como la soja y la carne de res.
Más allá del comercio, ambos mandatarios firmaron acuerdos en áreas como ciencia, tecnología y cooperación medioambiental. Además, se abrió la puerta a explorar campos emergentes como la tecnología verde, la economía digital y la inteligencia artificial, sectores que podrían redefinir la relación bilateral en el mediano y largo plazo.
En términos geopolíticos, el acercamiento entre Uruguay y China refuerza la tendencia de América Latina a diversificar sus relaciones internacionales en un contexto de incertidumbre global. Para Uruguay, la profundización del vínculo con Pekín representa una apuesta por estabilidad económica y acceso a nuevos espacios de cooperación. Para China, consolida su presencia en la región y su discurso a favor de un orden mundial menos dependiente de un solo centro de poder.



