Capri aprueba restricciones para contener el turismo masivo y proteger su vida cotidiana

La isla de Capri reforzó sus normas para limitar el tamaño de grupos turísticos y moderar la presión de visitantes en su espacio urbano y cultural.

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La icónica isla italiana de Capri, conocida por sus paisajes escénicos, villas elegantes y calas marinas, ha adoptado un paquete de normas más estrictas con el objetivo de reducir el impacto del turismo masivo durante la temporada alta. En respuesta a la saturación en espacios públicos y la presión sobre su estructura urbana, las autoridades locales aprobaron medidas que limitan el tamaño de grupos y regulan la conducta de los visitantes.

A partir del próximo verano, la circulación de grupos turísticos con más de 40 personas quedará prohibida en gran parte del territorio de la isla, una decisión que busca facilitar la movilidad y la convivencia entre residentes y visitantes. Esta medida se suma a una tendencia creciente en ciudades históricas europeas para preservar su carácter, equilibrar el flujo de turistas y evitar congestiones que afecten la calidad de vida local.

Además de la restricción sobre el tamaño de los grupos, la normativa impone nuevas obligaciones para los guías turísticos que lideren grupos de más de 20 personas: deberán utilizar auriculares inalámbricos para comunicarse con su grupo en lugar de altavoces tradicionales, y portar identificaciones discretas en lugar de objetos llamativos como paraguas o banderas. Estas reglas buscan minimizar el ruido y el impacto visual en las estrechas calles del núcleo urbano, favoreciendo una experiencia más tranquila para todos.

La isla, que cuenta con alrededor de 13 000 residentes permanentes, acoge en la temporada alta cifras de visitantes que pueden llegar a 50 000 personas al día según estimaciones locales, lo que multiplica varias veces su población residente y representa un desafío para servicios básicos, transporte y la gestión de espacios públicos.

La decisión ha recibido el respaldo de representantes del sector turístico local, quienes señalan que estas reglas podrían mejorar la circulación en áreas tradicionales y fomentar una oferta más organizada y sostenible. Para algunos, se trata de una oportunidad para equilibrar la actividad económica que representa el turismo con la preservación del patrimonio, la tranquilidad urbana y la atención a los residentes.

La iniciativa sigue un patrón similar al de otras ciudades y regiones con destinos de alto atractivo cultural: en 2024, por ejemplo, la ciudad de Venecia impuso límites en el tamaño de los grupos para contener la presión de visitantes que impactan su patrimonio histórico. Las autoridades de Capri esperan que sus nuevas normas también se integren a un modelo de turismo más respetuoso con el entorno y a largo plazo, que pueda sostener tanto la economía local como la calidad de vida.

Las regulaciones ofrecerán a los operadores turísticos un periodo de adaptación antes de la llegada de la próxima temporada estival, y se plantea que su aplicación se acompañe de campañas de información dirigidas a viajeros internacionales y nacionales para facilitar el cumplimiento. 

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