Un tamaño que ya pesa en la economía
El comercio electrónico en México dejó de ser un fenómeno “de nicho” y se consolidó como un componente relevante de la actividad productiva. En 2024, el Valor Agregado Bruto del Comercio Electrónico (VABCOEL) sumó 2,308,458 millones de pesos a precios corrientes y representó 6.9% del PIB. En términos reales (a precios de 2018), el indicador registró un crecimiento de 7.1% anual.
Más allá del dato agregado, el tamaño importa porque el valor agregado no mide solo ventas: refleja cuánto “se produce” efectivamente a partir de esas transacciones digitales, es decir, el aporte neto que queda en la economía.
Qué está empujando el comercio electrónico
La composición del VABCOEL muestra que el motor principal no es únicamente la venta minorista en línea. En 2024, la participación por grandes rubros fue:
- Otros servicios: 51.3%
- Comercio al por menor: 29.1%
- Comercio al por mayor: 19.6%
Este reparto sugiere que la economía digital se sostiene tanto por la compra final de los hogares como por cadenas de valor más amplias: logística, intermediación, servicios vinculados a plataformas y operación de negocios que dependen de canales digitales para vender, distribuir o gestionar clientes.
Implicaciones para empresas y mercado
Para las empresas, el mensaje es claro: competir ya no es solo “estar en línea”, sino hacerlo con capacidad operativa. Si el mayor peso está en servicios y no solo en retail, la oportunidad se mueve hacia eficiencia, experiencia de usuario, entregas, pagos, atención y procesos internos. Para el mercado, el dato refuerza una realidad: cuando el comercio electrónico crece, se reordena la forma en que se consume, se distribuye y se presta servicio, y eso termina afectando decisiones de inversión, empleo y productividad.




