China volvió a mostrar capacidad de resistencia ante un entorno complejo, pero el diagnóstico de fondo es claro: el motor que la ha empujado en los últimos años ya no alcanza para sostener un crecimiento duradero. El Fondo Monetario Internacional (FMI) señala que el gran desafío es reequilibrar la economía hacia un crecimiento liderado por el consumo, es decir, que el mercado interno pese más y la dependencia de las exportaciones pese menos.
El punto de partida es una economía que avanzó 5% en 2025 y que, según la proyección del FMI, crecería 4.5% en 2026, una revisión 0.3 puntos porcentuales arriba de su pronóstico de octubre. Sin embargo, el desempeño reciente ha estado respaldado por exportaciones robustas y estímulo fiscal, mientras el consumo interno se ha mantenido débil.
Un modelo que se está quedando corto
La demanda doméstica luce contenida por dos factores que se retroalimentan: la prolongada crisis del sector inmobiliario y una red de protección social insuficiente. En términos simples: cuando la vivienda deja de ser un respaldo de patrimonio y, además, salud, pensión o desempleo se sienten inciertos, las familias tienden a ahorrar más y gastar menos. Esa mezcla, advierte el FMI, alimenta presiones deflacionarias y vuelve el crecimiento más dependiente del exterior.
El problema es que, hacia adelante, China no puede apostar a exportaciones cada vez más altas como base de crecimiento. Por eso, el giro al consumo se vuelve la prioridad central.
El paquete que propone el FMI
La recomendación es un paquete macroeconómico más contundente, con tres piezas que se refuerzan entre sí:
- Más estímulo fiscal, con un cambio en su composición.
- Mayor relajación monetaria.
- Más flexibilidad cambiaria, para acompañar el ajuste y apoyar el reequilibrio.
Pero el énfasis no está solo en gastar más, sino en gastar distinto: reducir el peso de la inversión pública y de políticas industriales enfocadas en sectores específicos, para liberar recursos hacia gasto social y hacia medidas que ayuden a contener la contracción inmobiliaria, incluyendo apoyos a compradores de vivienda sin terminar.
Protección social y consumo: la conexión directa
El FMI subraya que fortalecer la protección social (salud, pensiones, desempleo y asistencia social) puede cambiar la conducta de los hogares: menos “ahorro por miedo” y más consumo. Cita evidencia de que duplicar el gasto social en áreas rurales podría elevar el consumo acumulado en un horizonte de cinco años, hasta 2.4 puntos del PIB.
También pone sobre la mesa una reforma clave: flexibilizar el sistema de registro familiar (hukou), que limita el acceso pleno a beneficios sociales para trabajadores migrantes. La estimación del FMI es que otorgar estatus urbano a 200 millones de migrantes rurales elevaría la proporción consumo/PIB en 0.6 puntos porcentuales.
A esto se suma un ajuste tributario: impuestos al trabajo más progresivos y un fortalecimiento de impuestos al capital, con el objetivo de reducir desigualdad y aumentar el ingreso disponible de hogares de menores ingresos, que suelen gastar una mayor parte de lo que ganan.
En conjunto, el FMI estima que estas medidas podrían elevar la relación consumo/PIB en alrededor de 4 puntos porcentuales en cinco años, reduciendo la vulnerabilidad ante shocks externos. Y no es un tema menor para el resto del mundo: el FMI recuerda que China aporta cerca de 30% del crecimiento global, por lo que un reequilibrio más sano también tendría efectos positivos fuera de sus fronteras.



