Los retazos…
La pandemia
Maldita sea la hora en que nos cayó aquella pandemia.
No solamente por lo que significó una enfermedad desconocida que paralizó prácticamente al mundo, sino por el enorme número de vidas que México perdió y por las dudas que todavía permanecen respecto de muchas de las decisiones que tomó nuestro sistema de salud.
Entre 2020 y 2022, el INEGI registró 477 mil 550 defunciones por COVID-19. Y si observamos el exceso de mortalidad por todas las causas, la dimensión de aquellos años resulta todavía mayor.
Por eso vale la pena revisar, sin filias ni fobias, qué se hizo bien y qué se hizo mal.
Durante buena parte de aquella emergencia estuvo al frente de la estrategia Hugo López-Gatell, a quien sus críticos, con esa delicadeza que caracteriza a nuestra política, terminaron bautizando como el “Doctor Muerte”.
Cada quien podrá juzgar su actuación.
Lo que no me parece correcto es calificar jurídicamente lo ocurrido como un crimen de lesa humanidad, porque para ello tendría que existir una determinación legal que así lo estableciera. Lo que sí puede discutirse —y debe discutirse— es la responsabilidad política y administrativa de quienes tomaron decisiones durante una emergencia que terminó costando cientos de miles de vidas.
Y mientras se nos prometía que algún día tendríamos un sistema de salud como el de Dinamarca, la realidad mexicana era bastante menos escandinava.
AICM, Texcoco y el AIFA
Aquí conviene poner orden porque hasta los aeropuertos se nos pueden revolver.
El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México sí tenía —y todavía tiene— un problema serio de saturación. Desde 2014 existe una declaratoria formal de saturación de su campo aéreo y posteriormente también se declaró la saturación de sus terminales.
Precisamente por eso se había iniciado la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México en Texcoco.
Ese fue el proyecto que el expresidente López Obrador decidió cancelar.
La Auditoría Superior de la Federación terminó estimando en 113 mil 327 millones de pesos el costo relacionado con la inversión realizada y la terminación anticipada de contratos hasta finales de 2019.
Después vino el AIFA.
El Gobierno informó que su construcción se mantuvo en un presupuesto original de 74 mil 535 millones de pesos, aunque el registro actualizado de Hacienda, considerando inflación, alcanzaba 88 mil 107 millones.
Así que barato, barato, tampoco salió todo el cambio de planes.
Ahora bien, tampoco podemos seguir diciendo que las aerolíneas no utilizan el AIFA o que permanece vacío. Desde su inauguración en marzo de 2022 y hasta julio de este año había transportado más de 21 millones de pasajeros.
Al César lo que es del César.
El AIFA funciona.
La discusión que permanece es otra: si cancelar Texcoco, pagar aquella cancelación, construir Santa Lucía y mantener un AICM saturado fue realmente la mejor solución para el sistema aeroportuario del Valle de México.
Esa cuenta todavía merece hacerse completa.
Dos Bocas
Muy bonita, como alguna vez dijo la gobernadora de Veracruz.
Y además ya está refinando.
Aquí también es necesario actualizar los datos porque la Refinería Olmeca ya no puede describirse como una instalación que prácticamente no produce.
Pemex informó que durante agosto de este año procesó en promedio 248 mil barriles diarios de crudo, frente a una capacidad de diseño de 340 mil barriles. Incluso alcanzó momentáneamente esa capacidad durante abril.
Bien.
Pero eso no elimina el otro lado de la historia.
Cuando comenzó la construcción, el expresidente aseguró que costaría alrededor de 150 mil millones de pesos. Distintos reportes posteriores han colocado el costo final por encima de los 20 mil millones de dólares.
Hay una diferencia considerable entre una cosa y otra.
También es justo reconocer que Pemex ha logrado reducir su deuda financiera. La propia empresa informó que ésta disminuyó más de 20 mil millones de dólares respecto de 2018, alrededor de 20%.
Otra vez: al César lo que es del César.
Pero Pemex continúa siendo una empresa que necesita enormes recursos, enfrenta obligaciones financieras importantes y debe demostrar que el fortalecimiento de su refinación puede traducirse realmente en mejores resultados económicos.
Además, durante este año la Refinería Olmeca ha tenido incidentes que no pueden ignorarse.
En marzo, aguas aceitosas que salieron del complejo terminaron incendiándose en el exterior de sus instalaciones. Cinco personas fallecieron y las autoridades ambientales solicitaron una investigación de causa raíz. En julio se registró otro incidente por una fuga en una bomba de carga de crudo, aunque en esa ocasión no hubo lesionados.
Una refinería no solamente debe producir.
También debe hacerlo con seguridad.
La Megafarmacia
Como edificio, seguramente está muy bien.
El problema es que las farmacias no se construyen para admirarlas sino para tener medicamentos.
La Megafarmacia del Bienestar fue inaugurada en diciembre de 2023 con capacidad para almacenar 286 millones de piezas y con la promesa de resolver faltantes de medicamentos en un máximo de 48 horas.
La infraestructura existe.
Lo que resulta mucho menos claro es su desempeño.
La información pública disponible sobre recetas realmente surtidas ha sido limitada y, apenas en agosto de este año, legisladores solicitaron a Birmex y a la Secretaría de Salud que transparentaran cuántas solicitudes ha recibido, cuántas recetas ha surtido, sus inventarios, costos de operación y el porcentaje de utilización de sus instalaciones.
Curiosamente, el propio sitio de Birmex ha informado que el servicio se encuentra parcialmente limitado por ajustes técnicos en su plataforma.
Entonces la pregunta resulta bastante sencilla:
¿está cumpliendo la función para la que fue creada?
Porque una bodega enorme llena —o medio llena— de cajas no necesariamente resuelve el problema de un paciente que llega a una clínica y no encuentra su medicamento.
Y si algún día se pretende avanzar hacia un verdadero sistema universal de salud, éste puede ser un buen momento para decidir qué papel tendrá esa infraestructura.
De lo contrario, corremos el riesgo de que la famosa Megafarmacia termine convertida en otro enorme edificio esperando que alguien explique para qué sirvió.
“Abrazos, no balazos”
Llegamos a otro de los temas que marcaron el sexenio anterior.
“Abrazos, no balazos”.
La frase sonaba muy bien.
Los resultados fueron bastante más complicados.
El gobierno de Andrés Manuel López Obrador terminó con alrededor de 193 mil homicidios dolosos, de acuerdo con las cifras preliminares disponibles al cierre de aquella administración. INEGI registró, por ejemplo, más de 36 mil homicidios tanto en 2019 como en 2020 y cifras superiores a 30 mil durante buena parte del sexenio.
Sinaloa, Michoacán, Guanajuato y muchas otras regiones conocieron perfectamente lo que significaron aquellos números.
Ahora bien, tampoco podemos afirmar que actualmente los homicidios continúan aumentando todos los días.
Los datos oficiales más recientes señalan exactamente lo contrario.
Entre septiembre de 2024 y agosto de 2026, el promedio diario de homicidios dolosos pasó de 86.9 a 40.8, una reducción de 53%.
Algo cambió.
Quizá precisamente porque la nueva estrategia ha puesto mayor énfasis en inteligencia, investigación, detenciones y coordinación.
Entonces la pregunta inevitable sería otra:
si era posible modificar la estrategia, ¿por qué hubo que esperar tantos años?
No necesitamos inventar complicidades ni aceptar rumores como hechos.
Las cifras del sexenio anterior ya son suficientemente graves para discutir por sí mismas.
El Tren Maya
Y finalmente llegamos a una de las grandes obras faraónicas del expresidente López Obrador.
El Tren Maya.
Originalmente se hablaba de una inversión cercana a los 120 o 150 mil millones de pesos. En su sexto Informe de Gobierno, el propio López Obrador reconoció que la inversión total alcanzó 515 mil millones de pesos.
Más de medio billón.
Podrá discutirse si ese dinero habría tenido mayor utilidad en salud, infraestructura, educación, seguridad o programas sociales.
Eso corresponde a una discusión legítima sobre prioridades presupuestales.
Lo que no puede discutirse es que la obra terminó costando varias veces lo que inicialmente se había planteado.
Tampoco puede ignorarse la cuestión ambiental.
Particularmente en el Tramo 5, el trazado atraviesa una región de suelo kárstico llena de cavernas, cenotes y ríos subterráneos. La propia Secretaría de Medio Ambiente terminó reconociendo afectaciones en cenotes y cavernas y la necesidad de revisar permisos y medidas de mitigación.
Durante la construcción se colocaron pilotes para sostener los tramos elevados en zonas donde existen estos sistemas subterráneos.
El expresidente sostuvo que dichos pilotes no ocasionaban daños; ambientalistas, especialistas e incluso resoluciones judiciales cuestionaron esa afirmación.
Otra vez habrá que esperar.
Porque muchas obras públicas pueden inaugurarse en seis años.
Sus consecuencias económicas, financieras y ambientales pueden tardar décadas en conocerse.
Y quizá ése sea el punto común de todos estos retazos.
Pandemia, aeropuertos, Dos Bocas, Megafarmacia, seguridad y Tren Maya fueron presentados, cada uno a su manera, como grandes respuestas a grandes problemas.
Algunos han mejorado.
Otros todavía tienen mucho que demostrar.
Y algunos siguen esperando que alguien termine de pagar la cuenta.
Saludos desde mi trinchera.



