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23 de septiembre de 2021

Fondos europeos, ¿fondos de rescate?

...el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ha diseñado un nuevo tipo de factura eléctrica que entrará en vigor en junio, haciendo de este mes el más caro de la historia dentro del territorio español en lo que al precio de la luz se refiere...
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Amanda Vega Hidalgo

Van llegando los fondos europeos de recuperación (en realidad, fondos de rescate disfrazados con la coletilla “y de resiliencia”) y tanto el discurso político institucional como por supuesto los medios de comunicación no han dudado en celebrarlo. “La oportunidad más importante de desarrollo para España después de la entrada en la Unión Europea”, en palabras del presidente. Dejando a un lado el hecho, para nada trivial pero que escapa al objetivo del análisis que se pretende hacer aquí, de que el total anual que llegará a España será de menos de 500 euros por persona[1], merece la pena hacer una reflexión económica en términos de clase para dilucidar cuál es la situación ante la que nos encontramos.

Bajo el inmaculado pretexto de pretender fomentar un consumo más eficiente, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ha diseñado un nuevo tipo de factura eléctrica que entrará en vigor en junio, haciendo de este mes el más caro de la historia dentro del territorio español en lo que al precio de la luz se refiere. Así, han decidido regular los precios en tres tramos: hora punta (la más cara), hora llana y hora valle (la más barata). El tramo de precios más elevados está comprendido entre las diez de la mañana y las dos del medio día y entre las seis y las diez de la tarde. Por el contrario, el tramo más bajo es aquel que se encuentra entre las doce de la noche y las ocho de la mañana. Es decir, que para planchar o poner la lavadora y no tener que pagar el precio más alto (cosa que, para la mayoría de las familias ni siquiera es una opción) habrá que ahorrar en horas de sueño. Teniendo en cuenta, además, la cantidad de trabajadores que, dada la situación, hoy en día siguen teletrabajando desde sus casas, lo que, evidentemente, hace aumentar su consumo de electricidad (conexión a internet, carga de batería de los dispositivos electrónicos necesarios, luz, electrodomésticos para cocinar, aire acondicionado o ventilador, etc.), tratar de darle una justificación ecológica a una medida que claramente empobrece y aumenta la polarización de las familias es, cuanto menos, perverso.

Por otra parte, la inminente reforma fiscal que Bruselas tanto nos está aplaudiendo, contempla la posibilidad de eliminar los supuestos especiales del IVA (Impuesto sobre el Valor Añadido). Estos serían tanto el IVA reducido como el superreducido, que son del 10% y del 4%, respectivamente, frente al tipo general que es del 21%. Sin duda este es el impuesto más regresivo del sistema fiscal español, aspecto que mínimamente se intentaba paliar con estos tipos especiales aplicados a bienes de primera necesidad como alimentos, el agua, libros o el servicio en restaurantes (esto último, en realidad, estaría más bien encaminado a fomentar el consumo del turismo, principal sector de la estructura productiva española). La exclusión de estas reducciones, no hace más que ahondar en esa naturaleza regresiva. De nuevo, más empobrecimiento y polarización para las familias trabajadoras disfrazado de “verde”.

Y al otro lado de la pugna, ¿quiénes van a ser los beneficiarios directos de los fondos europeos? Como no podía ser de otra forma, las grandes empresas como Iberdrola, Repsol, Endesa o El Corte Inglés a través de instrumentos como el PERTE (proyectos estratégicos para la recuperación y transformación económica), un mecanismo de “colaboración público-privada” que no consiste en otra cosa que en financiar al capital con dinero público mientras se merman directamente las condiciones materiales de las familias. De nuevo, más concentración y centralización del capital.

Para mayor inri, como telón de fondo, el Banco de España, un organismo entre cuyas competencias no se encuentra la de analizar el mercado laboral, asegura que la subida del salario mínimo interprofesional ha tenido un impacto negativo en la creación de los empleos menos retribuidos. Menos migajas para los más pobres.  

En definitiva, como he señalado en repetidas ocasiones, la clase trabajadora sigue soportando sobre sus hombros todo el peso de las crisis mientras que las empresas son rápidamente rescatadas con recursos que, por otro lado, provienen del trabajo. 

Menos mal que contamos con “el gobierno más progresista de la historia de España”.


[1] Recomiendo encarecidamente la lectura del artículo: https://nuevarevolucion.es/los-fondos-europeos-un-nuevo-plan-marshall/ 

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