13 de julio de 2024 1:06 pm
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OPINIÓN

Primera prueba: Reprobada

El partido contra Estados Unidos era el examen perfecto para medir el progreso de la selección mexicana: un rival en crecimiento, con una buena camada de jugadores jóvenes que vienen haciendo las cosas bien, y encima el archirrival de la confederación con el que se lleva compitiendo desde hace ya varios años por el dominio de la zona…

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Por Sergio Hayen Lizarralde


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Luego del fracaso que fue el Mundial de Qatar 2022, la Federación Mexicana de Futbol (FMF) se propuso realizar un verdadero cambio con vistas al Mundial del 2026, que se jugará en México, Estados Unidos y Canadá. Se despidió al técnico Gerardo Martino, se realizó un cambio en la mesa directiva de la Federación y se inició un nuevo ciclo, con la promesa de sentar los cimientos del proyecto a mediano y largo plazo.

Este fin de semana, hemos sido testigos de la primera gran prueba que el futbol mexicano tenía, y el resultado fue un rotundo fracaso. Como en todo periodo de evaluación educacional, uno ya sabe o puede intuir cual puede ser el resultado esperado, tomando en cuenta distintos factores, como la seriedad que se le dedica a las tareas y ejercicios, la preparación previa al examen, la autocrítica ante los problemas y el saber darles solución a estos.

El partido contra Estados Unidos era el examen perfecto para medir el progreso de la selección mexicana: un rival en crecimiento, con una buena camada de jugadores jóvenes que vienen haciendo las cosas bien, y encima el archirrival de la confederación con el que se lleva compitiendo desde hace ya varios años por el dominio de la zona. Además, no es una superpotencia del futbol, como lo son Brasil, Argentina o las selecciones europeas que siempre dominan. Era un rival si complicado, pero relativamente accesible para observar el trabajo realizado en estos seis meses de preparación.

Desde los partidos amistosos previos a la semifinal de la Concacaf Nations League, la cosa no pintaba nada bien para la selección. En el partido contra Guatemala, si bien se ganó, el accionar del equipo dejó mucho que desear. La facilidad con la que el equipo chapín ponía en predicamentos a la defensa mexicana era preocupante, además de que a la ofensiva el equipo no tuvo pegada. En el partido contra Camerún, el cual termino con un empate rescatado en los últimos minutos, los delanteros africanos expusieron la forma en la cual se le puede hacer daño a esta selección: con balones a profundidad y velocidad por las bandas. 

La preparación no fue la ideal. El técnico, Diego Cocca, decidió experimentar con una alineación con la que México no está acostumbrado a jugar y sus jugadores no se sientes cómodos. Para tener éxito en el futbol, es necesario construir una estrategia de juego efectiva, y saber combinarla con la materia prima que se tiene en el equipo. Cocca tiene muy bien perfeccionado su estilo de juego (logró triunfar con el Atlas utilizando ese sistema), pero no fue capaz de analizar a los jugadores que tenía. El resultado: mal funcionamiento del equipo.

El día de la gran prueba, todo resultó peor de lo que se esperaba. Todos los factores antes mencionados se combinaron con otros problemas, como el no alinear a tus mejores jugadores o la falta de carácter para enfrentar partidos de tal envergadura. Fue como si un estudiante se presentara a su examen de física sin formulario y calculadora. Estados Unidos le dio un baile a la selección mexicana, hizo lo que quiso en el terreno de juego y demostró lo que es tener un proyecto bien cimentado desde hace ya un par de años.

Y si, muchos dirán que es normal perder en el deporte. Pero una cosa es ser derrotado vendiendo cara la victoria, y otra poner en bandeja de plata el triunfo al rival. Ese día, México fue un fantasma en el campo. No disputó los balones, no tuvo llegada en ofensiva para inquietar al arquero rival, todos los embates de los gringos terminaron en jugadas peligrosas de gol, falta de concentración para la toma de decisiones, hasta la poca madurez para no perder la cabeza y sacar la frustración con patadas y golpes al rival. Los jugadores de jerarquía no aparecieron para guiar a los nuevos prospectos y el técnico no tuvo la capacidad de detectar las carencias del equipo y corregir sobre la marcha.

Y como suele suceder en los exámenes donde a uno le va mal, la pregunta de rescate para tratar de ganar algunos puntos y lograr pasar, la selección también la tuvo: el partido por el tercer lugar frente a Panamá. Uno esperaría que después de la humillación en la semifinal, por lo menos buscar rescatar el tercer lugar sacando lo mejor del equipo, pero no fue así.

Lo mejor que ofreció México en ese partido fueron los primeros cuatro minutos, un equipo que buscó la portería y anotar gol, con jugadas a velocidad e intensidad en las marcaciones. Una vez que cayó el gol a los cinco minutos de iniciado el encuentro, la selección regresó a ese estilo de juego poco visible, donde se dedicaron a defender ese gol de vestidor ante una selección de Panamá con muchas ganas, pero pocas ideas. Aun así, lograron poner en jaque a México durante gran parte del encuentro, inclusive llegando a anotar dos goles, anulados por fuera de lugar. Panamá volvió a exhibir las carencias del combinado nacional, una defensa muy frágil y la poca idea al atacar el arco rival.

La afición también demostró su inconformidad ante la situación. Luego de la humillación frente a Estados Unidos, el Allegiant Stadium de Las Vegas lució desolado en el partido por el tercer lugar. Es la primera vez desde que México juega sus partidos en Estados Unidos hace ya más de quince años, que la selección no registra cupo lleno en el estadio donde juega. Además, en el partido frente a Estados Unidos, los presentes decidieron realizar el ya conocido grito homofóbico, lo que ocasionó que el partido se suspendiera momentáneamente, pero que también traerá una sanción a la Federación. Los aficionados ya se dieron cuenta donde pueden golpear con mayor fuerza a los dirigentes: en lo económico.

Y para concluir uno de los fines de semana más oscuros de la selección mexicana, la FMF nos da la noticia este lunes por la mañana que Diego Cocca no es más el director técnico de México, tomando su lugar Jaime Lozano, aquel que llevo al combinado nacional a ganar la medalla de tercer lugar en los juegos olímpicos de Tokio 2020, y que conoce a la perfección a la gran mayoría de los jóvenes que forman parte de este grupo. Una decisión acertada, pero que, si no va acompañada de otras acciones, será poco efectiva ante la hecatombe que se aproxima.

Termina así el primer examen de la selección mexicana, con un resultado más que reprobatorio, y que no brinda ánimos ante la siguiente gran prueba, ya a la vuelta de la equina: la Copa Oro. Después del fracaso en la Nations League, habrá que ver la capacidad de México para recuperarse y lograr un resultado positivo en el próximo torneo. Con poco tiempo de preparación para el nuevo técnico, los mismos jugadores sin ánimos de jugar, y el ambiente negativo que se respira en la selección, habrá que ver como finaliza el verano, pero la cosa no pinta nada bien…

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