
Por Ana Paula Linas Molina
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En un país que sufre alarmantes desafíos respecto a la igualdad de género, la implementación una política publica con perspectiva de género es necesaria para encaminar a la ciudadanía hacia una sociedad con mayor equidad y progreso social. Sin embargo, es primordial recordar que una mujer en la presidencia no garantiza un enfoque de género en la toma de decisiones de su gobierno. Es indiscutible que la titularidad del Ejecutivo será sostenida o por Claudia o por Xóchitl y, ante esta realidad, es nuestro deber como ciudadanas exigir un sexenio con políticas violetas.
Ambas candidatas tienen la obligación de revivir aquellas políticas públicas que fomenten el desarrollo social y la inclusión laboral de las mujeres, como lo eran las estancias infantiles y las escuelas de tiempo completo. En primer lugar, el Sistema Nacional de Guarderías y Estancias Infantiles (SNGEI) se creó por decreto presidencial en 2007, y fue casi desaparecido en 2019 por capricho presidencial. Aunque no se conoce el impacto en las infancias afectadas por este cambio, sí sabemos que, cuando se les preguntó a las madres que no trabajaban si tenían la necesidad o el deseo de hacerlo, el 54.1% declaró que no buscaba empleo porque no tenía quién cuidara a sus hijos pequeños, ancianos o enfermos.
Por otro lado, en 2022, la Secretaría de Educación Pública encabezada por Delfina Gómez extinguió las escuelas de tiempo completo. Programa que garantizaba educación y al menos una comida completa para 3.6 millones de estudiantes. Esta política pública contribuyó a cerrar las brechas de desigualdad y reducir el rezago educativo entre las poblaciones más vulnerables del país. Además, estas escuelas beneficiaban indirectamente a las madres trabajadoras, ya que por la ampliación del horario escolar las mujeres podían incrementar en un 5.5% su participación en la fuerza laboral.
Tanto Xóchitl Gálvez como Claudia Sheinbaum han coqueteado con la idea de reabrir las instituciones de cuidado infantil y retomar las escuelas de tiempo completo en sus propuestas de campaña. Sin embargo, una promesa de campaña no es suficiente para generar un cambio sustancial. La perspectiva de género en la agenda de gobierno no se alcanza sólo con votar por una mujer presidenta; sino requerimos tanto una agenda legislativa violeta propuesta por las legisladoras que se postulan a los congresos federales y locales, y una ciudadanía que no quita el dedo del renglón. Esto es un llamado a ser una ciudadanía activa y que mantenga la presión sobre el gobierno para que éste cumpla sus compromisos en materia de igualdad de género. Al ser nosotras quiénes exijamos ponernos en el centro de la acción política, no solo construimos un entorno más justo, sino también favorecemos un desarrollo social e integral para todos y todas.
Concluyo enfatizando la importancia de priorizar las necesidades y derechos de las mujeres en la agenda política. Porque por el bien de todos, primero las mujeres. Gane quien gane, es nuestra responsabilidad como ciudadanía vigilante mantenernos alerta al cumplimiento de los compromisos de la próxima presidenta, sobre todo en aquellos relacionados con la igualdad de género. Solo así podremos avanzar hacia una sociedad verdaderamente representativa, democrática e igualitaria.