El mercado laboral atraviesa una paradoja inquietante: nunca ha sido tan sencillo acceder a plataformas con miles de vacantes, pero cada vez es más difícil lograr una contratación efectiva. La inteligencia artificial (IA), herramienta clave para agilizar procesos, ha intensificado esta contradicción.
Por un lado, candidatos recurren a la IA para elaborar y optimizar sus currículums. Sin embargo, las empresas también la utilizan para automatizar filtros y entrevistas preliminares, con algoritmos que evalúan voz, tono y palabras clave. El resultado es un círculo vicioso: los aspirantes envían más solicitudes —muchas generadas por ChatGPT— y los empleadores refuerzan sus filtros para lidiar con la saturación. En consecuencia, millones de CV jamás llegan a ojos humanos.
Las cifras ilustran el problema. En Estados Unidos, pese a un desempleo relativamente bajo (4.3%) y salarios en aumento, la tasa de contratación está en su nivel más bajo en años: tres trabajadores por cada 100 empleados actuales, frente a los cuatro o cinco de hace apenas un lustro. Además, estudios recientes muestran que más de la mitad de las empresas estadounidenses ya delegan procesos de selección en la IA, aunque solo un 38% de los candidatos se siente cómodo con ello.
Expertos advierten que, mientras las plataformas laborales se multiplican, los procesos se han vuelto más impersonales, comparables a las aplicaciones de citas: mucho “deslizar” y pocos resultados. Ante esto, recomiendan regresar al contacto directo, ferias de empleo y networking, aunque estas estrategias apenas mitigan un sistema cada vez más excluyente.



