El sector agroindustrial mexicano navega por una coyuntura cada vez más compleja. A la ya mencionada disminución real del presupuesto para programas rurales, se suma un contexto internacional adverso con el aumento de barreras comerciales, alteraciones en las cadenas globales de suministro y mayores costos logísticos, alertan especialistas.
Entre los principales factores de tensión están los aranceles que mercados como Estados Unidos imponen a productos agrícolas mexicanos, lo cual obliga a productores a competir con condiciones menos favorables. Además, los insumos importados, muchos de ellos indispensables, han aumentado en costo debido a fluctuaciones cambiarias y a la geopolítica global (por ejemplo, restricciones por conflictos internacionales o impuestos al comercio exterior). Por otro lado, el recorte presupuestal —ya documentado— reduce la capacidad del sector para responder en ámbitos clave como sanidad e inocuidad, innovación tecnológica, infraestructura rural y apoyo al productor. Estas limitaciones internas agravan los efectos de los desafíos externos, dejando menos margen de maniobra ante shocks de oferta o demanda.
Para enfrentar esta situación se sugiere una estrategia de actuación dual: primero, garantizar recursos presupuestales estables y suficientes para los programas clave; segundo, diseñar políticas que mejoren la capacidad de adaptación al entorno internacional: diversificación de mercados, fortalecimiento de cadenas locales de suministro, inversión en valor agregado e innovación. También resulta vital coordinar regulaciones y negociaciones comerciales que protejan al sector sin caer en proteccionismos contraproducentes.



