La industria turística mundial exhibe señales de vitalidad renovada, con estimaciones que proyectan un gasto global récord de 2.1 billones de dólares en 2025, superando el nivel máximo anterior registrado en 2019. En este contexto, México se perfila como uno de los destinos más pujantes, con expectativas de que el sector de viajes y turismo contribuya con 281 mil millones de dólares al PIB nacional, lo que equivaldría al 15.1 % del total.
Como parte de esta estrategia de crecimiento, el WTTC (Consejo Mundial de Viajes y Turismo) firmó un memorando de entendimiento con la Fundación México-Estados Unidos (USMF) para coordinar esfuerzos en innovación, inversión, políticas públicas y articulación entre los sectores público y privado en toda Norteamérica. Bajo esta alianza se espera reforzar la conectividad, optimizar la promoción internacional y fortalecer el ecosistema turístico regional.
Sin embargo, este panorama optimista plantea desafíos estructurales. La elevada competencia entre destinos exige que México apueste por diferenciadores —como infraestructuras modernas, sostenibilidad ambiental, capacitación profesional y conectividad eficiente— para sostener su posicionamiento. Además, la cooperación binacional debe traducirse en incentivos tangibles para proyectos regionales y en mecanismos de rendición de cuentas transparentes.
En suma, mientras el turismo global recupera terreno con fuerza, México aprovecha la coyuntura para consolidar su liderazgo. Pero su éxito dependerá de que las aspiraciones multilaterales se transformen en planes concretos y en políticas de largo plazo.



